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Antes de empezar con el meollo decir, que este es el cuarto y último libro de la LC Cuatro Gatos que organizamos la amorosa Mari de Bohemian Creative y moi, el panda campestre.

Me da mucha pena que se acabe la LC Cuatro Gatos (click aquí para saber de qué va) no solo porqué Mari es un auténtico amor de persona y una compañera fenomenal y porqué hemos estado currando las dos a cuatro manos, sino porqué en esta LC se respira un buen rollo, un buen humor y unas ganas de pasarlo bien brutales, y así da gusto. Toda la culpa de esa energía y positividad es vuestra. Toda, toíta. Así que gracias. Gracias por liaros la manta a la cabeza con nosotras en todo este mundillo. Sabemos que hay muchos blogs que organizan LC’s pero la LC Cuatro Gatos tiene un no sé qué que la hace única y eso es gracias a vosotros.

Decir que vamos a organizar una segunda edición y que ¡estamos muy contentas porqué ya lo tenemos todo preparado! No podemos adelantar nada –Mari ha hecho un pacto de silencio con su cactus y yo con mis pollos- pero lo que sí podemos decir es que habrá de todo, para escoger a cascoporro. Y con barra libre de mojitos. Así, que ojo avizor al tinglado, que a final de mes publicamos la entrada para que os apuntéis. ¿Hay nervios? ¿Curiosidad? Lo que sí que hay es una reseña que está esperando. A lo que voy.

Este es el primer libro, que yo recuerde, que me ha sido imposible de terminar.

Antes de que me digan que han leído X por ahí sobre esta novela, les pongo en antecedentes.
Al empezar la lectura la autora, Luisa Ferro, (seudónimo de Luisa Fernández) sitúa al lector el día 23 de enero de 1878. ¿Qué pasó ese día? Pues que en Madrid se casaron el rey Alfonso XII y la infanta doña María de las Mercedes de Orleans en la basílica de Atocha. En otras palabras, se nos casaba el que volvería a restaurar la monarquía española después de la primera república, que era a la vez 'hijo' de Francisco de Asís (alias, Paquita) e Isa II, famosa reina precursora del ‘con Paquita nooooooo me caso!!’. Esto vale para ubicar un poco la novela en tiempo y espacio.

De hecho, la ciudad de Madrid, oscura, deprimente, violenta, y sucia se construye como un personaje más. Ese día, el día de la boda, se descubre el cuerpo de una niña, la sexta ya asesinada. Ernesto Olmedo, estudiante de último curso de Medicina y Cirujía ayuda como a asesor para descubrir el culpable. El caso se archiva por falta de pruebas.

Dos décadas y media más tarde, Olmedo fallece de un supuesto suicidio. A su pupilo, Bruno Moreto, le deja una funeraria hipotecada hasta las trancas llamada ‘La luz de Helio’, completamente en bancarrota y unas deudas del tamaño de un trolebús. Moreto se entera a la vez, que su maestro tiene un hermano gemelo italiano llamado Hugo Bonaventura, que es el que se hará cargo de la funeraria. Pero si no podía la cosa ir a peor, los asesinatos de niñas reaparecen.

Voy a serles sincera. Cuándo decidimos incluir esta novela en la Lectura Conjunta, fue porqué tenía un qué a las novelas de asentamiento victoriano, tipo Sherlock Holmes, del que servidora es una auténtica fan. Pues no. Nada más lejos de la realidad. Esta es una novela de ficción histórica, es cierto, y debo decirles que he leído tesis doctorales más entretenidas que este libro.

El solo hecho de que con la santísima paciencia que tengo no haya podido acabar de leerlo, es un puntazo nada desdeñable a tener en cuenta para esta reseña.  Es casi un mérito propio en base a que he leído mucho de todo y pocos han acabado desterrados. Este tiene la merecida medalla de ser uno
de ellos.

Vayamos por partes.

Empecemos con que una de las grandes facetas de la novela negra, es dejar a la imaginación del lector. Agatha Christie es toda una reconocida figura en ello, al igual que Conan Doyle. Pero aquí no hay imaginación que valga.

La violencia con la que está escrita es vomitiva. Hay muerte por todas partes y hay veces en las que la autora incluso parece justificar al asesino. Vean.
‘Olmedo jamás olvidaría a las víctimas del Recolector. Ni a las presentes ni a las futuras. Estaba seguro de que el asesino seguiría recolectando ángeles. Ahora bien, eso no significaba que salieran a la luz. Ese hecho jamás tendría que haber ocurrido, puesto que el infanticida los creaba sólo para sus ojos’.
¿Adivinan de qué? De niñas. Claro que sí. Porqué a las mujeres se nos puede violar, matar y secuestrar y no pasa nada. Porqué es normal. Lo más normal del mundo. A parte de esa violencia que no comparto por ser machista y retrógrada y por regodearse en el morbo, está la narración de la autora. Les hago un resumen: las niñas son abiertas en canal, les sacan el corazón –se ve que se lo comen-, las cosen, les rapan el pelo y las cejas y aparecen muertas, desnudas, llenas de pinchazos, moratones y contusiones con una cría de golondrina muerta en la mano y dentro de la golondrina, una libélula. Díganme que no les parece violento.

Su narración hace que, si tienen suerte, se puedan echar unas cabezadas a lo largo de la lectura. Ni dormidina, ni contar ovejas. Prueben con este libro, 100% garantizado. Van a roncar a base de bien.

La justificación que da de porqué el asesino hace lo que hace y se queda tan pancha, no cuela. No hay justificación para el asesinato y opta por la opción clásica, con lo cual el criminal no paga todas las burradas que ha hecho a las pobres crías durante tantos y tantos años. La resolución del caso es precipitada. Sí, puedo decir que he tenido que dejar el libro, pero lo he hojeado hasta el final, para por lo menos, poder hacer una reseña con pies y cabeza.

La forma de narrar de la autora conforma mucha descripción y a menudo se pierde en sus propias oraciones que no resultan precisamente simples al leer. Las 600 páginas tampoco ayudan a que la lectura pase como debería. Ejemplo:
La carroza de deudos principales avanzó lentamente para tomar la carretera de Aragón. Esta vía soportaba bastante tráfico al ser una de las arterias importantes de entrada a Madrid. Los entierros complicaban la circulación en el tramo desde Ventas del Espíritu Santo hasta la carretera de Vicálvaro, que pasaba a pocos metros del cementerio de la Almudena y del Civil, y que bordeaba el arroyo de la Media Legua. Dos carros del Ayuntamiento se encaminaban hacia allí. No iban a mal paso, pues el cochero arreaba a las mulas sin miramientos, pero se había formado un buen tapón.
¿Hola? ¿Se han dormido? Pues toda la novela así. Desabrido de nivel.

Debo decirles que como fan de Holmes, los escritos de Doyle tienen más acción que este que nos ocupa, incluso Marple, es más dinámica. Le sobran más de la mitad de esas 600 páginas visto lo visto como se soluciona el problema en las últimas 20.

La atmósfera llena de muerte, de roña, de sombras, de espiritismo, hacen que el ritmo sea tan fluido como pedirle al banco que te devuelva lo cobrado de más. Si a eso se le añaden unas subtramas de amoríos y quehaceres sociales que parecen que no tienen fin, el libro se alarga hasta la saciedad.  Es como una puñetera carrera de desgaste. Respecto a las dos investigaciones, la de Olmedo y la del asesino, en fin…dejémoslo ahí. Más que ‘El círculo del alba’ debería titularse ‘La historia interminable’.

La atmósfera mortuoria, enervante, fúnebre y deprimente da pie a que Ferro pueda regocijarse en las técnicas forenses, como el ‘mapa de vida’, una técnica que  día de hoy se puede ver también en la película ‘La verdad Duele’ (ver crítica) que aplica el forense Bennet Omalu a sus pacientes.

Resumiendo, novela aburrida, que parece no terminar nunca a la que le sobran más de la mitad de las hojas, que se recrea en la violencia de género contra las niñas tipo LA MATÉ PORQUÉ LA QUERÍA/ERA MÍA y que finaliza con nimia penalización al asesino. Un asco.


1/5
★★★

  Bonus ‘El Círculo del Alba’

Durante este mes se ha podido comentar la lectura mediante twitter con la etiqueta #LC4GatosElCírculoDelAlba y tanto Mari como yo hemos decidido plantar una barra libre de mojitos para que puedan disfrutar del buen sabor de boca que nos ha dejado la novela. He aquí los que más han gustado a servidora.








Nota: ejemplar cedido amablemente por la editorial Planeta, a la que las administradoras Mari, de  Bohemian Creative e Iris, de El Blog de Hydre Lana agradecemos con la iniciativa  LC Cuatro Gatos.

  Lista de participantes 

Estamos muy orgullosas de que tantos lectores se hayan apuntado a la LC Cuatro Gatos. A continuación, pueden ver un listado con los blogs de cada uno, para pasaros a ver que opinan de ‘Mi lista de deseos, y sí, echarnos unas risas, que es al fin y al cabo de lo que se trata. Conforme nos pasen los enlaces iremos actualizando hasta el día 24 que es el último para subir entrada. ¡Os adoramos!

-Chari del blog Rincón Revuelto (Ver reseña)
-Irene del blog Películas de libro (Ver reseña)
 
Os lo vais a pasar pipa leyendo cada entrada que han hecho nuestras lectoras gatunas. Todas son un auténtico amor. 

Imágenes: casadellibro, madridantiguo.org 

50 reolcones que cambiaron la historia
Sexo. Sexo. Sexo. Sexo. SEXO.

Y ahora que ya les tengo en el bote –¿quién se resiste a esta palabrilla, eh?-, hablemos del tema.

¡Braveras y penebraveras!

 Vaya chungueo se llevan los de Medieval Bravo. Aquí, servidora como buena fan de la historia en modo ‘Falcon Crest’/culebrón lo pilló con gusto, y ya no se pudo desenganchar de la lectura. Todo empezó con un like a una portada que imita a la increíble, pero todavía existente (increíble es que exista) revista para pre-adolescentes, 'Bravo (por ti)', pero en modo cotilleo histórico nivel medievo rebautizada como 'Bravo (por vos)’. Que parece una tontería, pero es una forma muy útil de aprender historia esto de rebautizar una revista conocida y convertirla en una revista para adolescentes de tiempos antiguos. Una historia que normalmente nos la plantean a modo tocha, cuando al fin y al cabo toda es bastante simplificable. Vamos, que las clases de historia se podrían resumir en un 'a ver quién arrima la cebolleta al fichaje'. Y de eso, es de lo que se han dado cuenta los autores: que un churro y dos melinas tiran más imperios, cosa fina. Vamos, que al fin y al cabo, la historia se reduce al forniqueo, así, en general. Que a más de uno se le levantó el Imperio (jijiji) y de ahí, se lió en modo tangana.

El libro es un repaso a 50 personajes históricos que les perdió la lívido. O que gracias a un ligoteo cambiaron la sociedad. A destacar, que la historia normalmente ha dejado de lado los personajes femeninos, invisibilizados en un papel nimio. En este, las mujeres tienen protagonismo. Algunas sádicas, otras precursoras de los derechos de igualdad, otras simplemente, descubrieron su potencial e hicieron avanzar la sociedad. Pero todas tienen su protagonismo en esta publicación, pasan sin ser fantasmas y exponiendo, para bien o para mal, su potencial. Porqué que hayan quedado relegadas históricamente por figuras masculinas no quiere decir que su papel sea menor.

Es bueno que en los libros de historia, aunque como los propios autores dicen, no sea 'serio', se deje de menospreciar el papel de la mujer. Y teniendo en cuenta que la historia siempre la han escrito los vencedores, y los hombres (en masculino), es un punto muy a si favor la inclusión de ovarios en el que nos ocupa.

El vocabulario que utiliza, lejos de estar reñido con el típico tostón conceptual, es ágil, mundano, y  usa numerosas referencias al vocablo coloquial o de barranquilla. Ya nos decían en la primera página, como subtítulo que este libro los 50 revolcones están 'contados con poco rigor histórico'. Es inevitable que al lector le polule la mosca detrás de la oreja con lo que se va a encontrar dentro. Una hojeada basta para comprobar que el morbo, la picaría y el cotilleo es lo que mueve el mundo. Y si está en formato papel, pues mejor. Porqué a ver quién es el guapo que no le pica la curiosidad para saber cómo demonios se lo hizo la Papisa Juana para esconder su embarazo. O cuántos hombres tenía el harén de Ana de Sousa (alias, Nzinga), que posteriormente se cargaba uno a uno por diversión. Si a esto se le añade el salero que le ponen,  el tono chabacano, y historias de la historia con las que se podría hacer un blockbuster, la diversión está servida.
(Sobre Elisabeth I y el no querer casarse) Eso de que la reina no se casara nunca era raro rarísimo y de ahí todos los chismes que se empezarían a formar alrededor de su figura: que si no podía frungir o tener hijos, que si en realidad Isa era Paco el fontanero con un pene como el ancla del Titanic, que si le salían tentáculos del mismísimo y alguna que otra cosa más.
El libro se divide en: Antigüedad, Edad Media, Moderna y Actual, en la que el lector verá des de  las revoluciones a la historia reciente. Con lo cual está muy bien como divulgación histórica.  Al final, se añade un apartado de 'procedencia de imágenes' con todo el chungueo del mundo tipo –cito textualmente-:  'Calígula , con la misma expresividad que una lavadora'.

Vale decir que detrás de ‘Medieval Bravo’ están Pablo Leal, Celia Remio, Adrián Tirado y Akai Baena y que el jocoso pasatiempo literario ameniza a cualquiera el día, porqué uno sabe que va a leerlo y a pasarlo bien. También hay cierta curiosidad, al pasar páginas, de a ver por dónde van a ir los tiros de su humor descacharrante (a veces se les va el tema de las manos, lo que no deja de ser un plus).

Los capítulos son cortos: no más de 4 páginas dedicadas al personaje a tratar de forma que no se hacen nada pesados y que si además la letra es gordita, pues oigan, que nos quiten lo bailao. Lo bueno es que gracias a ello, aquí, servidora ha podido conocer a mujeres que fueron para bien, o para mal, pioneras en determinados ámbitos. Véase Helena, Cleo (de Cleopatra), Teodora I de Bizancio, Wu Zetian, la papisa Juana, Isa (la católica), Juana la Beltraneja, la princesa de Éboli, Lucrecia de Borgia, Diane de Poitiers, Isabel Báthory, Nzinga, Elisabeth I, Catalina II, Lola Montez, Manuela Sáenz, Mata Hari, y Lara Croft, entre otras. De 50, un total de 27 personajes son mujeres y eso es bueno. Desde el loco de Calígula, pasando por la precursora del feminismo, Teodora I de Bizancio. O algo tan tonto como el embarazo de la papista Juana. O historias más gores y violentas como la de Gengis Khan -el Julio Iglesias mongol- que dio bastante repelús, o  Isabel Báthory, que deja a una peli de Tarantino al nivel de ‘Pocoyó’. O Nzinga, haciendo que los Tudor sean el equivalente a ‘Pepa Pig’.

Pero las historias que se llevan la palma son la de Newton y sus teorías de física aplicadas al ligoteo y las relaciones, Casanova y el marqués de Sade: sus memorias dejan a '50 sombras' al nivel de 'Teo va a la escuela', nos dicen los autores. Por si las quieren leer, digo, que aquí mucho Grey y mucha leche, pero las fans de erótica han dejado al pobre Giacomo Girolamo – Ya-Te-Lo-Como y Lo-Lamo, me sale el chiste fácil, perdonen- y a Donatien Alphonse François abandonadetes  y necesitan mimos. A poder ser, con un látigo

Cada inicio de capítulo va encabezado por una foto y una pequeña presentación del personaje tipo, pongamos Sigmund Freud con un ‘eslogan’ que dice:
 'vas a su consulta por insomnio y descubres que quieres rollo con tu abuela'.
O el genial Joseph Mortimer y su
'querida, si te pica ahí abajo, déjate de cremas. Prueba este vibrador y te quitarás las penas'.
Muy fan. Pero no se preocupen, que si les gusta el romance con toques de drama, este librillo también comprende la bonita historia de Alfonso VIII y la 'jodía' de Toledo. Sí, han leído bien. La ‘jodía’. ¿Qué porqué la llamaban así? Pues lo tendrán que descubrir.

Dicen que el amor mueve montañas. Y que dos tetas tiran más que dos carretas. Aplíquenlo al sexo –de todos tipos y formas, que aquí tienen para escoger- y lo de ‘Juego de Tronos’ es una fusilería. La diferencia es que estos personajes son completamente reales y que han dejado su huella en el curso de la historia. Ya sea por una cebolleta, por un farolillo, o por un alféizar bien recto, la pasión que les invadía a estos 50 personajes que se nos presentan, ha hecho que se tambaleen Imperios.  

 En definitiva, este libro cumple lo que promete: pasar un buen rato leyendo, cotillear, saber los trapos sucios de los demás, añadiéndose a pequeñas dosis históricas con personajes nada desdeñables por su calibre (jijijiji) con mucho despipote, mucho humor y poco rigor.  Vicios, pasiones, violencia, morbo, sexo, orgías, asesinatos. Todo, toíto está aquí en 230 páginas.
 
3/5
★★★

Imágenes: casadellibro



¿Qué jalapeños me acabo de tragar?

2 horas y 13 minutos de decepción y chabacanismo por doquier. Palabras acordes para definir esta película de Star Wars. Si con la anterior, 'El despertar de la fuerza' (ver crítica) disfruté como una enana, con 'Rogue One: una historia de Star Wars' me ha sabido a despropósito en toda regla.

Dirigida por Gareth Edwards (‘Godzilla’) y con guión compartido de  Chris Weitz (La brujula dorada’, ‘Cenicienta’ 2015) y Tony Gilroy (Saga Bourne), contempla una película soporífera, que hará sentir al espectador el mismo efecto que hace el zamparse una caja entera de Dormidina. Como mínimo.

Pongamos en antecedentes la cuestión. Gareth Edwards, director que proviene del cine independiente, ha dado el salto con los blockbuster. Esto viene siendo como que Paquirrín pase de lo que es, a sonar en la BBC Radio como hit musical. Supongo que el citar permanentemente a Lucas y a Spielberg como directores que le inspiran y a Star Wars como fangirleo total para escoger cinematografia, es un plus a tener en cuenta para que Disney lo eligiese en este largometraje. Digo yo, que si vas a relanzar la saga de George Lucas, más vale coger a alguien que sepa de qué va el tema. En este caso la historia lleva al espectador al pasado, para mostrar el momento de cómo la Estrella de la Muerte es utilizada por primera vez por el Imperio. ‘Rogue One’ quiere recuperar el vínculo con la primera trilogía de Star Wars, así que lo más efectivo es liarla un poco parda.

Un grupo de personajes variopintos son reclutados para conseguir los planos de la Estrella de la Muerte. Esto es lo que posteriormente, hará que Luke Skywalker arree cera después al Imperio. Capitaneados por Jyn Erso (Felicity Jones, actriz a la que vimos en ‘La teoría del todo’ –ver crítica aquí- y a la que últimamente se rifan), que es reclutada por la Alianza Rebelde y protagonista de esta historia, deberán conseguir los planos para cargarse el destructor de planetas (alias, La estrella de la muerte) del emperador Palpatine. Con ello y ya de pasada, se explorará el legado familiar padre-hijo, algo a lo que ya nos tiene acostumbrada la saga Star Wars, añadiéndose una pizca de oscurantismo y de liderazgo femenino.

Izda a dcha: Cassian Andor (Diego Luna), Jyn Erso (Felicity Jones), K-2SO (Alan Tudyk)

Para no pecar de destroyer, les voy a argumentar la cuestión.

Empecemos por el guión. Un guión –sí, acentúo guión-  flojo, a veces absurdo, que no hay por dónde pillarlo, y que recuerda a culebrón de bajo presupuesto. Teniendo en cuenta que este film costó 200.000.000 dólares, el mismo presupuesto que ‘El despertar de la fuerza’ (245.000.000 dólares, estimado) esto no es precisamente un halago. Me explico: mucha fuerza, mucha leche para acabar todos como el rosario de la Aurora, yéndose a tomar por Júpiter.  Que sí, que ya se sabía que iba a acabar mal, pero precisamente la cosa hubiese sido más original sin un guión tan plano, en el sentido de que se le podría haber dado otro giro, salvando a un personaje o algo semejante. Por si eso no fuese suficiente tortura, añádase la frase que se repite cada 15 minutos en el film:  ‘Confía en la fuerza, la fuerza está en mi’. Pues para lo que les ha servido, yo de ellos les pondría como mínimo una reclamación a la fuerza, que no está para lo que tiene que estar.  

Si la cosa quedase aquí, vale, pero es que encima, servidora se ha aburrido como una ostra y eso no es fácil de conseguir para alguien que se ha visto 'Boyhood' del tirón (magnífica peli, por cierto –ver crítica-). Mucha acción, mucho efecto especial para quedar en la nimiedad más absoluta. El único punto fuerte son las interpretaciones de los actores: he visto acelgas y cilantros de tres días más expresivos que ellos. Abunda el diálogo sin sentido, los personajes vacuos –marmóreos y desaboridos- a los que parece que no les llega el riego cerebral, o que simplemente, están perdidos en todo lo inmenso del universo –supongo que la falta de oxígeno tendrá algo que ver-. Es una producción tan apasionante como ponerse a contar los puntos negros en la cara de la Preysler. Totalmente artificial y reiterativa. El clímax dramático es…es….no,  se ve que no está. Debe ser lo único que se les ha olvidado contratar.
-Señor Clímax Dramático, puede pasar al camerino.  
-Yo ahí no entro que no me pagan suficiente y me da vergüenza ajena.
No me extraña. De hecho, lo mejor que hacen los personajes en toda la película es palmarla. Eso lo hacen genial. Las muertes son tan absurdas, que se pueden contar por montones. Tan innecesarias. Tan burdas.

Y ¿qué pasa con la pareja protagonista? En serio, ¿qué les pasa? Diego Luna que tiene el mismo quehacer que una rama de eneldo pachucha y Felicity Jones parece un maniquí de Zara. La falta de expresividad entre los dos es de aúpa. He visto paredes de hormigón armado más expresivas que estos dos. A lo mejor no les han llenado lo suficiente la cartera. Y eso que cobró más que su predecesora, Daisy Ridley, que ya es decir.

Con un un material de base que de por sí, es frágil y vacío. No se puede hacer más. Es como construir una casa con papel. Por mucho que después encima le quieras poner ladrillo, no se aguanta.


Chirrut Îmwe (Donnie Yen) y Jyn. Yen construyó su personaje ciego a partir del espadachín japonés Zatoichi

Por poner un punto positivo, me alegra que el reinicio de esta saga corra a cargo de personajes femeninos con un par de ovarios. Es de agradecer que las mujeres empecemos a tener protagonismo en una industria tan carca como la hollywoodiense. El problema aquí es cuando quieren hacer a una heroína que no lo es: en otras palabras, que no tiene fondo ni trasfondo, y acaba siendo un tocho. Si vas a crear un personaje femenino, créalo de la cabeza a los pies. Hazlo bien. No lo pongas ahí porqué toca, que crea el efecto contrario.

Diego Luna dice que lo que define esta película es:
Creo que de todas las películas que hemos visto de Star Wars hasta la fecha, Rogue One es la más realista, la que más se acerca a los personajes abordándolos como personas similares a nosotros mismos, sin ningún poder o cualidad especial, movidos solo por sus convicciones y por el deseo de cambiar la realidad. Puede que la gente espere que sea todo fantasía, pero en muchos aspectos es una historia íntima con personajes cercanos.
Acción, Nº1612, p.13
Sí, hijo, sí. Si ‘abordar el personaje como persona similar’ a uno es que tenga un parecido razonable a una hortaliza, sí que se han abordado bien, sí.

Añádase que es inconexa, por ejemplo, la madre de Jyn va ahí a sabiendas que tiene las de perder y deja a su hija de 6 años sola para ir a buscar al marido. ¡Seis años! ¿Qué cojones? ¿Qué me estás contando? Coges y decides dejar a tu hija sola, mientras la persigue el Imperio y para consolarla le das un collar y le sueltas 'que la fuerza te acompañe' para ir a que te maten en pos de tu marido. ¿En serio? ¿Qué se han fumado los guionistas? Que la has gestado durante 9 meses. Parido y alimentado, y la dejas ahí del plan, 'venga, te suelto una frase de Pablo Coelho y ya si eso te apañas, guapa'. Muy normal. Totalmente incoherente.

Un bodrio con licencia digno de ‘Pasión de Gavilanes’ o de cualquier serie de sobremesa de TVE, totalmente desprovisto de pasión, vacía. Incluso la fotografía. ¡A Leia se le veían los píxeles! Hombre, eso ya es un poco cutre. Que vale que los píxeles pueden pasar por granos, pero eso era una bestialidad. Incluso había veces que se notaba un montón el croma (traducción: esa cortina verde que se usa habitualmente en televisión para hacer el tiempo).


Stormtroopers, por todas partes, Stormtroopers

Si tuviese que encontrar una sensación para esta película, es 'tristeza'. Tristeza porqué las guerras y el 'voy aquí para morir' siempre me ha parecido ilógico, absurdo, y de ser poco inteligente. Los personajes de esta película no van a sobrevivir, sino que van a morir, lo saben y les da exactamente igual todo 'por la causa'. No me entra en la cabeza como lo han planteado así. Tengo la suerte de no ser una fan acérrima de Star Wars y de este modo poder ver  la película con cierta perspectiva alejada. Pena y tristeza son dos palabras para describirla junto con decepcionante, pasable, predecible y floja. Personajes que son un estereotipo con patas, con nula construcción de personalidad, nimia construcción narrativa, y una trama forzada. Por no hablar que la BSO original de Williams no está y que Giachino, el compositor que se ha encargado de esta entrega, ha hecho un truño.

Creo que sobraba contar esta historia. Es como la corteza de la pizza: te la comes porqué da pena, pero no porqué esté buena. A veces me pregunto si la gente ha visto la misma peli que servidora o se ha metido entre pecho y espalda un cóctel de psilocibios alucinógenos porqué no es normal. Hay que estar muy fumado para tragársela. Lo de llamar ‘estrellita’ a la protagonista, es de órdago. Vamos, que ganas de arrearle a los guionistas, hay. Haberlas, haylas. Ya no es que una se sienta estafada por semejante producto, es que directamente tratan al espectador como idiota. Es básicamente para gente que quiere ver explosiones, efectos especiales –horrorosos- sin importar que guión, actuación y trama sean de calidad. No es de extrañar teniendo en cuenta el prototipo de tochos que abundan en este país.

¿Qué me dicen del señor ciego que parece salido de una peli de Kung Fu (panda)? O que su compañero de batallas lleve un barril de cerveza pegado a la espalda sin ser vikingo? No tiene desperdicio alguno.

Islandia, Las Maldivas y Reino Unido (Estudio) y Jordania han sido los lugares en la que se ha rodado. Se dice que es una de las pocas que no abusa del croma y que los paisajes son reales. No quiero ni pensar qué habría salido si hubiesen decidido abusar.

Como curiosidad, la película fue enviada a los cines con el nombre ‘encriptado’ de ‘Los Álamos’. Este es un sitio situado en Nuevo México, y es precisamente en el lugar dónde se llevaron a cabo las pruebas que se hicieron con la bomba atómica durante la II Guerra Mundial. Esto tiene sentido, pues se dice, se rumorea, que la Estrella de la Muerte está inspirada en dicha aberración armamentística.

Esto ha sido un 'alargar el chicle' en toda regla. No se gasten el dinero en esta película. Inviértanlo en pipas. Se divertirán mucho mas yendo a ver una conferencia sobre las hormonas reproductivas del escarabajo pelotero. Garantizado.

Rogue One, el mojón. Y un one que le pongo.

1/5
★★★
Fuentes: IMDB, Filmaffinity

Imágenes: disney.es, © 2016 - Walt Disney Studios Motion Pictures, IMDB.  

Me tiene muy cabreada.

Sí, Laura Norton ha conseguido cabrearme con su libro. Y ahora les explico el porqué.

Empecemos diciendo que a Norton me he hartado de recomendarla mediante boca oreja desde que sacó su primera novela: ‘No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas’ (ver reseña aquí). Y seguí recomendándola en su segunda publicación: ‘Gente que viene y bah’ (reseña aquí). No exagero si les cuento que sus dos anteriores trabajos tienen buena nota, es un dato que pueden comprobar ustedes mismos entrando en los enlaces. Su forma de redactar era fresca, divertida y con situaciones que nadie se atrevía en un personaje femenino. Hay que reconocerle que es una súper ventas y que escribe tremendamente bien. Pero esta novela no la voy a recomendar ni harta mojitos a no ser que quieran sufrir un colapso de mala hostia.

¿De qué va la cosa?

La historia cuenta como Sara, después del primer libro, en el que acaba con Aarón, lo tiene todo: trabajo, techo, un cantante ‘buenorro’ como novio y sí, se queda embarazada. Bueno, mejor dicho, citando a la sinopsis ‘¡están embarazados!’ Pero Sara no sabe si es feliz y claro ahí se empieza a torturar.

Básicamente es esto. Tres líneas para resumir un libro de 400 páginas. No se necesita más para el poco contenido que tiene. En la sinopsis ya hay algo que me escama. El hecho de que diga explícitamente que ‘están embarazados’ algo que me di cuenta después de leer el libro y me dije ¿Qué narices me estás contando?

Partamos del hecho que aquí la única que está embarazada es la mujer. Embarazada durante 9 meses. Más o menos, lo que dura también la gestación del ternerito de una vaca (9,5 meses, si alguien se lo está preguntando). Tanto en la vaca como en el resto del mundo animalia –menos en caballitos de mar- la que gesta y pare es la mujer. La que va a cagarse en todo mientras dilata como una loca y tiene al churumbel es una mujer. Ella es la que va a parir.  A un tío no le van a poner la epidural, ni le van a abrir la barriga, ni siquiera va a gestar y a vomitar durante nueve meses. Y mucho menos va a tener contracciones.  Esa forma de incluirlos para que no se sientan excluidos, me parece una total y absoluta gilipollez.

Dicho esto, añádase que la obsesión de Sara con Aarón no es ni medio normal. Vale que es su pareja, pero hay momentos en los que resulta cargante, ofuscada, compulsiva y permanentemente celosa. 'Ay, que guapo es' 'Ay, que guapo está desnudo'. 'Ay, que polvos echamos'. Ay, qué paciencia he tenido que echarle yo a esta novela.

El que también me chirría es que Aarón sea famosillo. Pues vale. Como si ser famoso el súmmum de la felicidad. Pero ya cuándo llegué a la parte del niño se desmoronó toda la ilusión que tenía puesta en el nuevo libro de Laura Norton.

Sara no quiere un niño, pero le dice que sí a Aarón, para mantenerlo contento a él. ¿Qué narices? Si no quieres tener un hijo, se lo dices y punto, que él no va a a parir. Pero claro, le dice que sí para no perderlo. ¿!PARA NO PERDERLO!? ¿Hay algo más machista que eso?

En cambio, la autora intenta ponerse en modo feminista en la página 72:
Roma odiaba el sistema laboral impuesto por el patriarcado, donde las mujeres en el momento en que se convertían en madres suponían un problema en el trabajo. Y sobretodo odiaba a las mujeres que estando en puestos de poder y de mando se comportaban peor que algunos hombres y ponían pegas o boicoteaban las carreras de las mujeres que tenían hijos.
No cuela. No puede ser que cree a una protagonista en la que todo su mundo en esta novela gire en torno a su pareja y que encima se quede embarazada para complacerlo y me venga con esta canción. ¿Ven como aquí algo falla?

Norton repite la fórmula de alargar el chicle innecesariamente, si en la primera novela, 'No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas', era el padre de Sara el que se iba a vivir con ella, en esta, es la madre  la que se instala en casa de la hija después de que le hayan hecho un estropicio de cirugía estética.

Además está la vuelta de su ex Roberto, y el añadido del gallego que tiene una tranca como un marsupilami. Todo el libro parece girar en torno a una figura masculina. Si no es de Aarón, es de Roberto. Esto lo entendería si fuese una comedia barata, pero vamos a ver, estamos hablando de una escritora que sabe escribir muy bien. Que crea situaciones cotidianas que rozan lo absurdo, con las que una sonríe. No me digan que la historia no puede dejar de centrarse en Aarón. Que la prota tiene un hijo y ¡prefiere al noviete antes que a su retoño! Pero vamos a ver, en qué cabeza cabe?! Que lo has parido tú, que si no lo quieres no haberlo tenido. Pero claro, ella para complacer a su querido Aarón, lo que sea.

Si con la primera parte me divertí, porque Sara es un personaje que tiene muy mala suerte, y a la vez me pareció perseverante y humilde, en esta segunda novela me parece una pavisosa tonta, estúpida, hipócrita, sin criterio ni personalidad a la que me daban ganas continuamente de darle dos hostias como panes. Es como si la autora hubiese cambiado la personalidad de Sara de un libro a otro.

Inclusive Aarón llama a Sara varias veces 'tonta'. A mi me dice eso mi pareja y se come un parquímetro de zona azul enterito. No me parece nada normal. Por no mencionar las pedazo de frases de aneuronada perdida que suelta Sara y que como mujer, me dan profunda vergüenza ajena. Véase:
-Que no es para tanto, tonta. (…) Él era así, elocuente pero relajado. Y aunque yo le sacara de quicio, era una experta en eso, enseguida se le pasaba. Por eso lo nuestro tenía que funcionar. Éramos el yin y el yang. La que se ahogaba en un vaso de agua y el que nadaba sin cansarse lo que hiciera falta. (…) Y me di cuenta de lo afortunada que era teniéndolo. me quería, me aguantaba, y sí, vale que fuera tan perfecto y yo tan insegura, que fuera tan padrazo y yo tan inútil. (…) Yo tenía que ser muy obtusa para cagarla con este pedazo de hombre que la vida me había regalado.
Este libro es básicamente un refrito de 'No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas'. Un ‘voy a alargar el tirón’, que no aporta nada nuevo al lector en cuanto a trama ni desarrollo de personajes, a excepción del personaje femenino, que es si cabe, más y más idiota en cada página que pasa. De hecho, me ha sido imposible no leer 10 páginas seguidas y tener ganas de entrar en el libro la arrearle con tóa la mano abierta. Es insoportable. Una vergüenza de personaje femenino. Que si mira que buenorro es mi novio, que si ahora me lío (o lo intento) con mi ex. Que no sé qué hacer, porque el ex está liado con mi hermana...en fin, más de lo mismo.

Sobre su ex: 'Y aquí está ahora, en la casa de Aravaca, contagiando energía a mi padre y ayudándole a hacerse con un concurso millonario. Y pensar que yo le había echado de mi vida. A un arquitecto prometedor, buena gente, generoso, divertido, guapo, que se desvive por los demás...'
¿Ven como la protagonista femenina es completamente aneuronada?

Y aunque parece que a partir de la página 200 la cosa mejora, es todo una burda ilusión, porqué el libro sigue igual de principio a fin. Con personajes que se han vuelto completamente planos, sin chicha. Y aunque intenta incluso poner frases filosóficas sobre la vida en la página 193, no sirve de nada. Hay que tener en cuenta que a Sara en este libro no le pasan las cosas porque sea una pánfila, sino porqué directamente, es gilipollas –de ahí todo lo que le pasa, no tiene nada que ver con el karma-. Ella, la hermana y casi todos los personajes parecen idiotas de remate, excepto el vikingo.

Como curiosidad, el título sale en la página 268.

Pero lo que ya me acabó de hinchar la vena fue la siguiente frase.
-Aarón, ¿y no podemos…? No sé, hablarlo o no tomar ya tantas decisiones , Tenemos un hijo. ¿No podemos intentar arreglarnos? ¿Por nuestro hijo? Para que no crezca en dos hogares distintos, para que no sea otro niño más de padres separados.
A ver entiéndanlo. Es que si un niño tiene padres separados se convierte en un extraterrestre que seguramente aniquilará la Tierra, porqué el pobrecito vivirá mal, triste, porqué sus padres se han separado y claro, eso es un trauma. Pregunta para Norton: Entonces los hijos de madres solteras ¿qué son? ¿Godzilla? Vamos a ver, que si estás mal, lo lógico es que uno se separe, que nada dura para toda la vida y aguantar por aguantar no es bueno y eso el crío lo nota. Que una frase tan tradicionalista, carca y sin sentido haya salido de la mente de esta autora, me da para mal.

Pero si pensaba que la cosa no podía empeorar, fíjense lo que piensa sobre cómo deben ser las mujeres:
-¿Voy con una tarrina de helado de chocolate?
-No que ya me he quitado tres kilos de encima, no los quiero volver a pillar.
-Tienes razón. Ahora que vuelves a ser una mujer soltera en un mercado competitivo, mejor delgada.
Porqué no hay nada mejor que ser delgada para conquistar al macho de la pradera. Si estamos ‘gordas’, no tendremos una vida plena y feliz, porqué no les gustaremos a ellos y claro, nos rechazarán. Estaré encantada de saber qué opinan sobre esto en los comentarios.

Y cuándo pensaba que el libro no me podía dejar de sorprender en cuanto a tópicos, chifladura, sin sentido y nula trama, me encuentro con que la protagonista es tonta hasta el punto que le roban el trabajo y sigue idolatrando a la persona que le ha robado el trabajo. Esperen, esperen, no aplaudan todavía, que hay más.
Tenía que admitir la verdad: si me había lanzado a tener un niño no era porqué él me lo hubiera pedido, lo había hecho por pura inseguridad, por miedo a perderle. Temía que se diera cuenta que alguien tan estupendo como él no podía estar mucho más con alguien tan lerda como yo. Y un niño era garantía de que estuviera a mi lado. Tener un niño era mi manera de retenerlo. Siempre nos uniría ese hijo.
Ajá. Muy normal.  Además hay faltas en la página 54 con una frase que no tiene sentido alguno: 'Cuando está de vuelca, adora al niño' y en los agradecimientos.

Como les contaba en el primer párrafo, es la tercera novela que leo de Laura Norton. Si con las dos anteriores me divertí esta ha sido una tortura.  Sinceramente, antes de escribir esta reseña me he leído todo lo que hay publicado sobre el libro que nos ocupa. Me preocupa seriamente que solo una blogger haya sido capaz de exponer con claridad que el personaje femenino falla y las otras se hayan dedicado a hacer la rosca. Les recomiendo encarecidamente a las pelotas de turno, que vuelvan a leer el libro porqué algo falla en su comprensión lectora cuando me encuentro cosas como ’este es un libro sobre lo difícil que es ser madre’. Y pasen por alto la cantidad de despropósitos que me he encontrado en él.

De hecho, la autora dice en los agradecimientos que este libro lo ha hecho pensando en los actores de la película de ‘No culpes al karma…’. Creo que para el lector hubiese sido incluso más completo el que Norton hubiese creado una historia nueva en vez de seguir con esta o simplemente le hubiese quedado mejor el coger un personaje de su primera novela y escribir sobre él. Dicen que van a hacer peli de este también. Si la primera ya fue infumable y el libro estaba bien, no quiero ni pensar lo que va a salir de esta.

No he podido con el personaje de Sara ni con ninguno. De hecho me daba igual, por mí como si se caía por un barranco, tampoco hubiese notado su falta. Las situaciones surrealistas que surgen por la emérita gilipollez del personaje femenino están metidas con calzador porqué sí, lo que a resultas queda todo como un montón de absurdez que no sabe de dónde viene y mucho menos a dónde va. Si a esto se le añade un lenguaje vulgar, la compota resultante es un libro completamente innecesario, un mazacote absurdo, ilógico e irracional con una construcción pésima de personaje femenino sin una mínima trama en la que encajarla y que rueda en torno a la figura masculina.

Una pantochada hacia el lector.
2/5
★★★★★
Imágenes: casadellibro

Nota: Gracias a la editorial Planeta por el ejemplar.


Este libro forma parte de la LC Cuatro gatos que organizamos Mari de Bohemian Creative –un amor, en todo su esplendor-, y servidora. Penúltima novela de esta tanda de cuatro libros que les hemos traído para que entre todas, podamos comentar y pasarlo pipa. Y sí, ya les advierto que estamos organizando una segunda edición de esta LC. Pero antes de ponerles los dientes largos, vamos a lo que toca: la reseña.

La novela, tiene varios títulos: si en inglés es ‘The life list’ (‘La lista de la vida’), en español se ha traducido de dos formas distintas. Por un lado, tenemos la edición titulada ‘Mi lista de deseos’ y por otra, siendo la misma novela, ‘Al encuentro de la vida’, también de Umbriel, que les ha dado por reeditar la obra y cambiarle en título. Algo raro, teniendo en cuenta que son los mismos editores.

No voy a mentirles, la historia empieza triste. Me pilló en un momento de bajón y tuve que parar de leer, porqué se me llenaban los ojos de lágrimas. Cuando conocemos a nuestra protagonista es el día del funeral de su madre. Brett es la que se encarga de todo. Porqué sus hermanos Joad y Jay parecen no dar nunca un palo al agua (¿Porqué la responsabilidad siempre recae en las mujeres? ¿Porqué parece que seamos nosotras las que tenemos la obligación de cuidar?).

Brett Bohlinger lo tiene todo: empleo, novio (-imbécil, pero novio al fin y al cabo, que parece que es lo único que importa, tener un nabo al lado- con el que comparte piso, para su desgracia), salud, dinero y 34 años. Pero no todo son flores: su madre, Elisabeth, acaba de fallecer después de un duro cáncer. Brett cree que nunca se va a poder reponer de la pérdida –cosa que es cierto, porqué una persona nunca se puede reponer de algo así-, ni siquiera volver a levantar cabeza, pues su mejor amiga, su confesora y su madre, la ha dejado en un mundo que es demasiado cruel para estar solo. La sorpresa se la lleva al ir a ver al abogado, Brad Midar, para la herencia: su madre ha estipulado que no cobrará hasta que complete una lista de deseos que ella hizo en su adolescencia.

Por cada deseo tachado de la lista, obtendrá una carta de puño y letra de su progenitora, que le dará el abogado, que también la ayudará con el tinglado de cumplir con todos los deseos marcados antes de 12 meses. ¿Porqué su madre quiere que complete esta tontería? ¿De qué le va a servir, por ejemplo, tener un caballo? ¿O cantar en público? Lo que no sabe Brett es que está a punto de vivir la aventura de su vida, y de replantearse todo lo que creía conocer sobre las sorpresas de la vida.
Siempre tuvo un sexto sentido. Cuando me preocupaba algo, nunca tenía que contárselo. Me lo decía ella. Y cuando intentaba convencerla de lo contrario, ella me miraba y decía: ‘Brett, olvidas que yo te parí. Soy la única persona a la que no puedes engañar.
Esta cita lo dice todo. Para mí resume perfectamente lo que significa ser madre. O tener la capacidad de serlo –que hay madres que las ves y piensas ‘¿porqué, Dior, porqué?’- que no es lo mismo.

Nuestra protagonista tiene un novio, Andrew. Seamos sinceros, tiene una mierda de novio. De esos que los mandarías a Plutón de una patada en el culo. Ese tipo de personas que mira las apariencias hasta tal punto que no soporta que Brett no tenga un cargo ‘con estatus’. Pese a todas las señales que le da, como no acompañarla al funeral de su madre –hay que ser cabrón-, pasar de ella cuándo está hecha un higo –hay que ser capullo-, y priorizar el trabajo y llamarle 'culo bonito' –hay que ser residuo de ectoplasma-. La protagonista no ve más allá de sus narices, con esa sangre de horchata que tiene al inicio del libro. Véase:
De repente, se apodera de mi una ola de pánico. El pobre niño rico se ha pasado toda su vida adulta acumulando símbolos de éxito con la esperanza de compensar sus raíces humildes y ahora me pregunto si seré sólo uno de ellos.
De lo que tiene miedo Brett, no es de dejarlo. De lo que tiene miedo es de no saber vivir sin una figura masculina. De sentirse desamparada. Pero si se fijan en los párrafos anteriores, ya está sola, ya está desamparada, y su ‘novio’ no hace más que tocarle los ovarios en una vida que ya le es
Mamá es nuestro superheróe
suficientemente complicada. Además, le tiene temor a su novio porque 'tiene miedo de defraudarlo'. Esto no es una relación sana. Esto es una mierda pinchada en un palo.  Muchas mujeres deberían aprender de Brett. A cortar por lo sano. A no enfocarse en relaciones que no les hacen felices solo por el hecho de estar por estar. Eso no es vida.

Además me gustaría destacar, antes de entrar en el meollo de la novela, una frase que me llamó la atención poderosamente:
-Jay y yo hemos decidido que lo mejor para los niños es que uno de los dos se quede en casa. Con la herencia de tu madre no necesitamos ese dinero extra.
-Pero ¡si te encanta tu trabajo!, ¿Y Jay? Porqué no lo deja él?
-La mami soy yo. Tiene más sentido.
Esto que Spielman ha escrito a modo de ejemplificación para poner sobre la mesa el tema de la conciliación familiar, y los roles de género da para un debate entero. ¿Porque siempre tienen que ser las mujeres? ¿Porqué no ellos? El desarrollo de este tema, que queda como secundario en el libro, no deja de ser un punto a destacar. A ver, que entiendo que si he parido yo al churumbel, prefiero quedarme –dígase que voy a ser una mamá oso- , pero lo que me molesta de esta actitud que se da tanto en la sociedad es que se de por sentado, de forma indudable, que es la mujer la que se tiene que quedar por obligación a cargo de los niños. Parece una frase muy tonta, pero da a un buen inicio de reflexión.

En si, la novela es un homenaje a todos los tipos de familia. Carrie, amiga de la infancia de Brett, que es lesbiana. Niñas con síndrome de Down, adopciones, familias ajuntadas, este libro pone en relieve que hay muchos, muchos tipos de familia, más allá de la biológica. Que familia pueden ser sencillamente dos personas que se quieren y no necesariamente, pareja. Que es algo que va más allá del tradicionalista estereotipo de madre y padre felices con dos críos, y eso en el siglo que vivimos hay que tenerlo claro. Vamos, es que a veces con la que se monta, parece que la homosexualidad sea algo nuevo cuando existe desde la mismísima evolución biológica del ser humano. Que tiene narices el asunto.


Pues eso
Homofobia, racismo se plasman también de forma clara como crítica a la sociedad. Los estándares sociales (el yo tengo más, y por lo tanto, soy más que tú) incluso el odio al diferente o a otras etnias (en el libro se hace servir mal el término: se usa raza, cuando raza humana sólo hay una: el homo sapiens), otras formas de vida. Y deja patente que el odio y el rechazo van ligados a la ignorancia de las personas.

Es una novela que llega al corazón, que está escrita con un cariño increíble. Garrett Taylor, el psicólogo, es amor. Deberían venderlo en el Carrefour o el Mercadona. Algo que me parece curioso es que cuando le presentan a un tal Herbert que es perfecto, físicamente y en todos los detalles, Brett intuye que algo falla en él. Es el tipo perfecto, pero tan perfecto que da asco. También iremos viendo quién es su hombre de Burberry. Aunque si en la trama amorosa me ha sobrado una escena, ha sido la parte romántica con Brad, su abogado. Incluso una escena erótica que me dio más risa que otra cosa.

En este libro prima el amor madre-hija. Ese amor indestructible, que va más allá del tiempo y del espacio. El amor de una madre lo puede todo. Y de eso va este libro. Elisabeth y  Brett. Brett y su hija Austin, neonata, como la experiencia que vivió la autora en su propia piel. Ellas nos conocen porque nos han parido. Así que más que un libro sobre reiniciar una vida rota, triste, infeliz y vacía, es un homenaje en toda regla a las madres.

Aunque Elisabeth, la madre de Brett, no aparece en esta historia como personaje en sí, por las cartas que deja a su hija hace que el lector se enamore. Que se enamore de ese amor que emanan, de ese amor de madre infatigable, contra viento y marea. Sabía que su hija no era feliz, y le da una patada en el trasero –con todo el amor de madre del mundo- para que reaccione.

Lo mejor que nos ha dado la autora ha sido la la evolución del personaje femenino principal, Brett, que no solo va abriendo su campo de miras frente a la vida, sino que aprende que lo que parecía una montaña inalcanzable, con perseverancia y paciencia, se puede ir escalando. Brett da un giro de 360º a su vida. Sus prejuicios, su terquedad, su asentamiento, quedan atrás. Empieza a moverse, a luchar por sus sueños, a hacer lo que le apasiona. Su madre la obliga a salir por la fuerza de su zona de confort. El lector la irá acompañando durante un año de parte de su aventura por la vida, comprendiendo sus miedos, sus dudas, sus disertaciones, hasta auto descubrirse, hasta encontrarse a sí misma, lo que es, y lo que quiere y puede hacer.

Esto puede parecer una tontería cuando muchas veces, miramos a los lados, y vemos que no somos más que hormigas en una playa inmensa, llena de dunas. Les diré una cosa: las hormigas son perseverantes, persistentes y trabajadoras. Van miguita a miguita. Se aceptan como son, pequeñas, pero más fuertes de lo que parecen (pueden levantar un peso equivalente a 100 veces ellas mismas). Para cuando decaigan, piensen en ellas.

La conexión única madres-hijas conduce a una historia que nos hace preguntarnos por nuestros de pequeños tenemos unos sueños, que el sistema educacional y la sociedad se dedican a moldear, a aplastar y a enterrar bajo tierra para que podamos ‘madurar’ y ‘ser adultos’ (cuando una cosa nada tiene que ver con la otra). En otras palabras, se nos educa para complacer a multinacionales una vez salidos de la universidad. Díganme que no es triste. No sé si ustedes lo han notado, pero yo cada año que pasa, tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo. De no haber cumplido con lo que verdaderamente me apasiona. Así que en este sentido, es una historia que hace barruntar al lector de ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿De verdad es esto lo que quiero? ¡Qué vida solo hay una!
Gracias, Mamá. Por quererme aunque sea rara


El 'pero' de este libro es que como solución a la enfermedad, o cuando pasa algo que mal logra el estado de salud de algún personaje siempre dice 'reza por él/ella'. Como si eso le fuera a curar o algo. No me cabe en la cabeza. Enviar energía positiva y buenos sentimientos, sí, pero ¿rezar? ¿En serio? En fin, que yo flipo. Que me parece genial que cada uno tenga su ideología, faltaría más, pero vamos, que la enfermedad la cura la ciencia, no la religión.

Además, a Brett la veo hecha un lío en la trama amorosa (que lo romanticón ocupa bien poco en la novela). Vamos a ver, muchacha, si sabes que estás por estar con alguien ¿no es mejor estar sola? Es un problema social muy gordo, y que por desgracia, se da en muchas mujeres. Añádase que hay faltas de ortografía entre las páginas 90-100 (no recuerdo bien el número exacto).

No recuerdo llorar con un libro desde 'Marina' de Carlos Ruiz Zafón -y de eso hace ya 10 años-, pero con la parte final de ‘Mi lista de deseos’ me ha llegado tan a la patata que ha me ha sido imposible frenar unos cuantos lagrimones. A todas esas mujeres desamparadas legalmente, con niños a su cargo, y con una mierda de ley nimia, vacua y vacía que no hace nada contra el maltrato y la violencia de género. Esa impotencia indescriptible hacia todas aquellas mujeres que lo pasan mal, porqué la legislación las margina. Ese sentimiento es el que he sentido yo con el personaje de Sanquita.

El final, nos la da con queso porqué el lector intuye una boda, pero no, es algo mucho, mucho más grande.

Me leí la novela en 3 días. Así que es adictiva, fácil de leer y sobretodo, preciosa. Una historia como la vida misma. Una historia que les va a llegar al corazón.

5/5
★★★★

   Bonus ‘Mi lista de deseos’

Durante este mes se ha podido comentar la lectura mediante twitter con la etiqueta #LC4GatosMiListaDeDeseos y tanto Mari como yo hemos decidido plantar una barra libre de mojitos para que puedan disfrutar del buen sabor de boca que nos ha dejado la novela. He aquí los que más han gustado a servidora. Y en serio, para la próxima lectura –pueden ver el fiestón que nos hemos montado aquí y apuntarse- no se corten ni un pelo (#LC4GatosElCírculoDelAlba), que esto lo vamos a hacer en cada LC y los más originales van a acabar aquí.  












Nota: ejemplar cedido A REGAÑADIENTES por la editorial Urano, a la que las administradoras Mari, de  Bohemian Creative e Iris, de El Blog de Hydre Lana agradecemos con la iniciativa  LC Cuatro Gatos . Es una editorial con la que, como saben, hemos tenido problemas porqué no cumplieron lo acordado y tuvimos que discutirnos por no mandar los ejemplares que tocaban cuando a sabiendas de otras bloggers, les habían enviado un pack completito con boli y todo. Muy profesional.

  Lista de participantes 

Estamos muy orgullosas de que tantos lectores se hayan apuntado a la LC Cuatro Gatos. A continuación, pueden ver un listado con los blogs de cada uno, para pasaros a ver que opinan de ‘Mi lista de deseos, y sí, echarnos unas risas, que es al fin y al cabo de lo que se trata. Conforme nos pasen los enlaces iremos actualizando hasta el día 24 que es el último para subir entrada. ¡Os adoramos!

-Aida de El primer capítulo (Ver reseña)
-Kassandra de El Club De Las Sebaduras (Ver reseña)
-Chari de Rincón Revuelto (Ver reseña)
-Sherezade de Enredados en palabras (Ver reseña)
-Estefany de Más que solo libros (Ver reseña)

Os lo vais a pasar pipa leyendo cada entrada que han hecho nuestras lectoras gatunas. Todas son un auténtico amor. 


Imágenes: casadellibro