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encender de nuevo las estrellas portadaCuándo digo que huyo de la romántica es porqué la gran mayoría está llena de tópicos y clichés que no se sostienen por ningún lado. Personajes cansinos, normalmente bellos y jóvenes en búsqueda de relacionar el amor con la felicidad a una edad temprana. Si me muestran un libro sin más trama que esa, posiblemente, salga corriendo en dirección contraria.

La cosa cambia cuándo los libros de romántica ofrecen algo más que tan manido estereotipo, que a veces parece un chorizo de cantimpalo, de tanto que se repite. Este libro habla de enamorarse, sí, pero a una edad en la que nadie espera hacerlo.

Novelas sobre enamorarse en la vejez, no abundan. De esas hay muy pocas. Si se fijan, la mayoría de libros que hay en el mercado conciben el amor entre los 15 y los 35 años. La franja de edad en la que ya se etiqueta y encasilla a las mujeres sobre el que deben y no deben hacer por ‘estar demasiado viejas’. Digamos finamente que hay vida más allá de los 35, de los 40, de los 50, de los 60, 70, 80 y 90. Hay vida mientras haya vida. Que parece una redundancia, pero no lo es. Añadamos, además que ser mayor no es sinónimo de dejar el sexo.

Sí queridos lectores, las personas mayores también tienen deseos sexuales. Sus abuelos tienen deseos sexuales. Hala, a la porra el tabú. Lo que pasa es que cuesta un poco más. Vamos, que la viagra juega malas pasadas porqué tiene el pequeño inconveniente, la minucia, el nimio efecto secundario de causar la ‘muerte súbita’. Que no lo digo yo, que lo pone en los ‘efectos adversos’. A lo que voy.
Los hombres maduran, pero las mujeres envejecen ¿o es al revés?
De qué va el tinglado?

La novela nos presenta a Marguerite, una señora de 78 años que ha tenido la suerte de que su marido la espiche. De hecho, lo mejor que hace ese sujeto en su vida es estirar la pata. Maguerite siempre ha vivido detrás de una figura masculina: del machista de su marido y de su hijo. Una vez bajo tierra el primero, nuestra protagonista no sabe qué va a hacer con su vida. En el otro contrapunto, tenemos a Marcel. Un fanático de la música Chaabi, las estrellas y los animales –tiene como amigo a un rinoceronte del zoo- que ha perdido a su mujer de un ataque al corazón. A sus 72 años se encuentra sumido en una existencia vacua.

Como ven, hay dos personajes que son heterogéneos por completo, como agua y aceite. Lo que ni Marguerite ni Marcel se imaginan es que la vida a veces te da sorpresas. Sorpresas te da la vida. En su caso, una historia de amor, a una edad en la que todo parece estar vivido.
-No necesito ningún médico. Solo necesito bailar bajo la lluvia como Fred Astaire.
Como ya se imaginarán, tengo especial predilección por las historias con protagonistas ‘mayores’, básicamente porqué son personajes que tienen mucho que dar, y que parece que cuando uno se hace mayor, se le discrimina, se le aparta y se le esconde de la sociedad, en vez de aprovechar toda esa experiencia acumulada, en vez de escucharlos. Pues no, venga a meterlos en residencias, como si ya a lo único que aspirasen fuese a morirse. Como un trapo sucio. La sociedad a menudo olvida que son personas, para tratarlos como deshechos. Es algo que me da mucha pena y que ya
amor en la vejez pareja
Amor
nombré de pasada en las reseñas de la saga de los abuelos ladrones, compuesta por ‘La bolsa o la vida’ y ‘El caso de los jubilados que cantaron dos veces bingo’. Saga que de paso, les recomiendo con ahínco.

La diferenciación de personajes hace que la mezcla sea de los más rica: Maguerite es flaca, bajita, pero con una cosa clara, liberarse de las cadenas y del yugo en el que la han mantenido toda su vida (entraré a ello más tarde). Y Marcel, es argelino (ese detalle es un puntazo) de origen francés, con las ideas claras y unas ganas de vivir tremendas. Además está el hecho de que él sea más joven que ella, que también hay cierto tabú social al respecto: si una mujer está con un hombre más mayor, es lo más normal del mundo, pero cómo esté con uno más joven, ¡ay!

El libro no solo conmueve por sus personajes, que son ambos un encanto, sino porqué es una crítica en toda regla una sociedad que venera la belleza y la juventud pero que deshecha la experiencia y la vejez. La construcción y la evolución de los personajes (todos ellos redondos) hacen que la novela sea una delicia para el lector. Una joya que espera con ansia a que la lean, la reflexionen y la comprendan porqué el mensaje que emana (y que deben encontrar ustedes) es digno de enmarcar. Porqué a menudo el ser viejo se relaciona con ser frágil. De cuerpo, puede, pero de mente, en este caso, todo lo contrario.
-¿Está seguro de que esto no es una tontería más?
-¿Qué edad tienes?
Ella se ríe.
-La edad de hacer locuras.
Es imposible no emocionarse con el final. Lloré a moco tendido y eso que tiene final feliz. Fue cerrarlo y decir ‘¡¡Joooooeeer qué libro!!’ ¿Porqué no lo he visto todavía en ningún blog? Realmente no me puedo creer que esta novela que rompe todo tópico, cliché y esquema sobre el amor no haya sido razón de darse de hostias (sí, con ‘h’) entre bloggers de romántica. Es un libro que llega al corazón, que hace reflexionar, con una escritura grácil –una maravilla- que toca un tema que parece sencillo pero que no lo es en absoluto, y lo que es mejor, lo trata con muchísimo respeto, con una claridad, una frescura y un optimismo despampanantes.

Moon
Estrellas
La autora convierte un tema como es ‘la vejez’, sinónimo de cansancio, muerte, de ser poca cosa, de desesperanza, en un faro alto, ancho, y con una luz enorme que lo ilumina todo mientras va tirando confeti. En otras palabras, que algo que torna oscuro, lo vuelve brillo. Con el aliciente de que además es una novela cortita que se lee en una sentada, llena de buenas vibraciones, de esperanza, a caballo entre el drama y la comedia, sin traspasar ningún límite y derrochando ternura en cada página. Porqué ni el amor ni el deseo, tienen edad.
-Te prohíbo que  te sigas viendo con ese señor.
-Ese señor de llama Marcel. Marcel Gudej.
-¿Gudej?
-Y no me infantilices, no tengo quince años.
-Precisamente.
-Es mi vida, y el tiempo que me queda lo utilizaré como me dé la gana.
Hay varias cosas que me han sorprendido del libro. La primera de ellas es la gran evolución que tiene la protagonista femenina. Para que se hagan una idea de como la trataba el marido: 1) sexo solo en la noche de boda 2) la obligaron a casarse 3) el tiparraco le decía como vestirse e incluso como ir peinada (con moño tirante y horquillas) 4) se llamaban de usted. ¡De usted! 5) el hijo para colmo sale igual de machista, controlador y asquerosamente posesivo que el padre (sí, me dieron ganas de ahogarlo) y 6) encima, el maridito de las narices en vez de Magerite, le cambió el nombre a Maguy. Por no hablar que le tenía que preparar incluso la cena. No vean las ganas de darle al Henri (así se llama el individuo) dos hostias como panes con las dos manos abiertas, de esas que una arrea para matar mosquitos. Sino lean, lean:
El primer día de su vida en común había dictado sus normas: Maguerite era demasiado largo, demasiado floral y Maguy quedaba mejor con Henri. Su nombre de pila no se volvió a pronunciar, salvo en raras ocasiones y jamás en presencia de su marido. No trabajaría. Única concesión: ayudar en la biblioteca municipal dos veces por semana. Siempre llevará vestido y se peinaría con moño, como la primera vez que la vio. No tendría mascotas. Un solo hijo, preferiblemente varón. Y en un tono que no permitía discusión, concluyó: ‘sería deseable que nos siguiéramos llamando de usted’.
Born to be wild abuelas
Nacida para ser salvaje
¿Lo ven como lo mejor que hizo fue diñarla? Lo raro es que Magerite no le hubiese metido cicuta en la sopa. Por no explicarles que también decidió el nombre del crío. 55 años de tortura. Digooooo, de matrimonio.
Tengo 78 años, ¿Qué voy a hacer con mi vida?
¡Vivir!. Hija mía, vivir ¡Por fin!  Y eso es lo que hace. El problema es que ella había pasado de ir a casa de sus padres a la de su marido, como si se tratase de un jarrón, o un perchero de Cash Converters. Algo que me hace mucha gracia es que cuando se casan llevan el apellido del marido. No hay nada más machista que eso. Bueno sí, suponer en España que el primer apellido de una persona es el del padre y no el de la madre. Y seguir poniendo el del padre primero porqué ‘es tradición’ o ‘lo que toca’. Muy mal.
Desde que se ha quedado viuda, su madre es incontrolable. Se escapa del marco en el que ha vivido siempre. Podrían ser los primeros síntomas de una demencia ligera (…) Sin su marido para guiarla, a su aire, puede hacer cualquier cosa.
Eso es lo que piensa el hijo. Igual de machista asqueroso que el padre. ¿Dónde se es visto que una mujer sea libre para decidir sobre su vida, eh? ¡Se puede independizar e incluso pensar por ella misma! ¡Qué vergüenza, una mujer teniendo pensamientos propios ¡Esto es el APOCALIPSIS! Y así casi todo el imperante social en el que vivimos. Eso sí, nuestra protagonista pone firme al retoño porqué está harta de que se le suba al moño. Se ha plantado y no piensa dejar que nadie la pisotee nunca más. Porqué es su vida y ella decide lo que hace y como vivirla.
-¡Mamá! ¿Desde dónde llamas?
-Te llamo desde el móvil de un amigo.
-¿De un amigo?
-Volveré en unos días. Él me llevará a casa.
-No he entendido bien.
-Ya te he dicho que tenías que ir al otorrino, pero no haces caso a tu madre.
La autora, Karine Lambert es también escritora de ‘El edificio de las mujeres que renunciaron a los hombres’, libro que va a caer, y que me da en la nariz que contiene una temática feminista parecida. Este segundo libro, ‘Encender de nuevo las estrellas’ ha sido el resultado de una larga investigación sobre el tabú social como es el amor entre ancianos.

Si no sueltan lagrimillas al final, y les da por abrazar este libro muy, muy fuerte en el pecho al terminarlo, es que deben estar hechos ustedes de hormigón armado. Una historia soberbia, una ráfaga de vida, de magia, en una sociedad demasiado mediocre para ver más allá de sus narices.

5/5
★★★★

Nota: gracias a Anaya por el envío del ejemplar y el buen trato que tuvieron conmigo. ¡Gracias por esta novelaza!

Imágenes:casadellibro (portada). El resto de imágenes pertenecen a su autor/a. 

Maravillosa familia de Tokio poster



Vayan con la paciencia bien preparada, que la van a necesitar.

Lo comento porqué partamos de la base que esta ‘maravillosa familia’ (con tono irónico) es más tradicionalista y casposa que un anuncio de Unilever. Sí, en Japón no van muy allá en lo que ‘cada uno hace su vida y Dior en la de todos’. Es más se ve el divorcio y la separación como una desgracia en pleno Siglo XXI. O por lo menos es lo que nos dejan caer en este film.

¿De qué va?

La abuela Tomiko Hirata (interpretada por Kazuko Yoshiyuki), de la familia Hirata, quiere pedirle el divorcio a su marido Shuzo Hirata (al que da vida Isao Hashizume) como regalo de cumpleaños. Del que por cierto, él se ha olvidado siquiera de felicitar. A grandes rasgos, toda la familia intentará que se reconcilien porqué se ponen las manos en la cabeza al pensar que su padres (o suegros) pueden firmar esos papeles después de haberse aguantado 50 años. Esto hará que la familia sea una especie de caos, de toque de queda, de pánico al escuchar lo que quieren hacer. Lo divertido del tema es que cada miembro barrerá pa’ su casa.

Lo que me extraña es que esa pobre señora no le haya pedido el divorcio antes, porqué no sé si debe de ser estigma de todo el país pero ahí tratan a las mujeres como criadas o chachas. Vamos, de forma muy machista y sin ningún tipo de respeto. La mujer es la que se encarga de los niños, de la casa, sirven al marido cuándo llega cansado –agotadísimo, pobre- de trabajar, como si ellas no se hubiesen deslomado durante todo el día. En otras palabras, las tienen de sirvientas.

Yôji Yamada, director independiente que ya maravilló con el drama ‘Una familia de Tokio’, da una vuelta de tuerca y se ríe de la sociedad tradicionalista y cerrada de su país. Con guión del propio Yamada y de Emiko Hiramatsu el film es sarcasmo puro, con personajes que dan penilla por lo desgraciados que son, cada uno con sus cosas y con sus idas y venidas. De hecho, es una película con tan poco presupuesto que tiene más semejanzas con el estar viendo una obra de teatro que un film en si.

Fotograma Maravillosa Familia de Tokio
La cara de Shuzo lo dice todo

No deja de sorprender que antes del inicio de la proyección haya un mensaje de parte de la productora agradeciendo al espectador el haber escogido esta película. Contándonos a nosotras éramos 7 personas viéndola. Así que no es una producción destinada a llenar multitudinarias salas de cine, y ya solo por eso, vale la pena adentrarse en ella, para ver qué hay más allá de los grandes blockbusters. Agradezco sobremanera este tipo de películas intimistas, que dejan ver al espectador tradiciones, moralejas o que quieren decir cosas. Ese espíritu de ‘quiero hacer algo que tenga un sentido y exponerlo al mundo’.

Vale decir que aunque soy una enamorada de la cultura japonesa –unas cosas las adoro y otras no estoy nada de acuerdo con lo que hacen-, no es una peli solo destinada para enamorados de ese país, sino para personas que tengan un mínimo interés por lo que se cuece a nivel audiovisual en otros lugares.

Casi dos horas de metraje en forma de comedia con dardos envenenados, ‘Maravillosa familia de Tokio’ (‘Kazoku wa tsuraiyo’ en el título original, literalmente, ‘La familia es dolorosa’) tiene un marcado carácter de Sit-Com (tipo la serie ‘7 vidas’). Si bien es cierto que contiene algunos clichés –que son los mismos que pone a caldo- el ritmo no decae, porqué siempre están pasando cosas y cada personaje liándola parda.

Yamada ha contratado a los mismos actores protagonistas que ya trabajaron con él en ‘Una familia de Tokio’ (2013) –no la he visto, así que sobre ello no puedo darles opinión- y se ha pasado a la comedia. No sé si sería muy conveniente comparar, como hacen algunos, ‘Maravillosa familia de Tokio’ con ‘Una familia de Tokio’, así de buenas a primeras, parece que la trama de una y otra poco tienen que ver. Y aunque haya reminiscencias que puedan recordar, el género expuesto es completamente distinto, siendo la que nos ocupa una comedia, y la otra un drama. Pienso que que tenga el mismo director no es motivo para hacer de ello una relación homogénea con ambos productos audiovisuales. Por no hablar que el director, a sus 85 años tiene una energía y productividad que ya quisieran muchos de 30.


Yû Aoi y  Satoshi Tsumabuki
Noriko Mamiya  (Yû Aoi) y  Kenichi Hirata (Satoshi Tsumabuki). ¿Soy yo o este actor se parece a Shigure de ‘Fruits Basket’?

 Incluso ya ha estrenado segunda parte, que lleva por título ‘Kazoku wa tsuraiyo 2’ (2017) el 27 de mayo en Japón, (el 12 de mayo se estrenó la que nos ocupa), esta segunda parte todavía no tiene fecha de estreno en España. Vamos con retraso y veremos si se animan siquiera a doblarla.


Aunque estuvo nominada a ocho premios, entre ellos, el de ‘Mejor película’ en el Valladolid Internacional Film Festival, o a mejor dirección, sonido, edición, luz, película, guión y cinematografía por la Academia Japonesa, se quedó en ascuas.

El director ha optado por homenajear al cineasta Yasujiro Ozu (de ahí que salga ‘Cuentos de Tokio’ en esta película) –no puedo opinar porqué no he visto ningún trabajo de este señor- y la mayoría de la crítica especializada se ha cabreado porqué según ellos ‘no le hace justicia’, yo recomiendo sinceramente que vayan a verla sin comparaciones tontas. Es otra película más y puede ser igual de disfrutable sin referencias de ningún tipo. Esa vena de ‘sabelotodo repipi’ no ayuda nada a tener una visión más amplia que expanda al lector o al espectador y lo anime a consumir cine que se sale de los grandes presupuestos.

Si algo tiene este film es que es muy dinámico, no aburre nada, porqué de un lío pequeño van a hacer otro más grande, hasta que al final la bola explota y ¡cómo explota! Hay varios momentos en que el espectador piensa que ya no se puede hacer un ovillo más grande, enredado ni surrealista. Las narices. Animo a que la vean a ver si de esta forma se animan y nos traen más películas Japonesas y de otros países y no tanta americanada suelta y cochambrosa que a parte de no hacer ni pizca de gracia, ya cansa.

Fotograma Maravillosa Familia de Tokio
Majísima, esta familia. Como todas, vamos

A destacar la humildad con la que está hecha. Porqué sí, su intención no es vender muchas entradas ni hacer el negocio del siglo, simplemente su intención más básica es traer una sonrisa al espectador, hacer que empatice usando un humor ligero. Para ello abusa de los primeros planos, y algunas veces ya se sabe por las caras que ponen los actores, que son muy expresivas, qué piensan o que van a meterse en algún marrón. Las situaciones surrealistas que se dan, hacen que hasta se les coja cariño a cada uno de ellos. Sí señores, los Japos también saben reírse de sí mismos y lo hacen la mar de elegantes. Es un tipo de humor que me encandila, porqué resulta muy agradable –sin soeces- sino más bien usando una dialéctica irónica que más bien parece estar improvisada. Y sí, gritan. Y sí, de eso también se quejan los críticos. Porqué aquí en España somos silenciosos de la hostia, ¿eh? 

Pero si algo tienen las películas japonesas es un aura de intimismo, como si estuviesen suspendidas por un hilo de modestia. En este caso, con situaciones tragicómicas que rozan el exceso de la tontuna y la parodia, como mecanismo crítico y envenenado ante un sistema social demasiado tímido para decir las cosas por su nombre. Los japoneses siempre están pendientes de lo que van a pensar los demás, de no molestar a las otras personas, y eso también lo utiliza el director a su favor aprovechando la sobreactuación, las muecas, para apartar esa vergüenza o pudor que los invade.

En definitiva, película acogedora, divertida, a veces absurda, que pone en entredicho la tradicionalidad nipona mediante las costumbres arraigadas y que actúa también como un espejo en el que poder mirarse diferentes generaciones de japoneses. Una manzana envenenada, más crítica de lo que parece a simple vista. 




3/5
★★★
Ver tráiler
Fuentes: IMDB, Filmaffinity
Imágenes: titlovi.com, elrincontv, guiadelocio, filmsocietyoflincolncenter



La chica que dejaste atrás portada
Portada
Segunda novela de la LC Cuatro Gatos coorganizada por moi y Mari de Bohemian Creative.

Esta es una novela emotiva y tierna.

Emotiva, porqué me han dado ganas de llorar de lo mal escrita que está. Y tierna, porqué para limpiar cristales, sus hojas van estupendamente.

De qué va el tingalo?

Sophie, una hotelera de St.Péronne (Francia) tiene que resistir a la invasión alemana en el año 1916. La cosa se complica cuándo un Kommandant, se fija en el retrato que su marido le hizo y se obsesiona con él. Año 2006, Liv mira el cuadro de ‘La chica que dejaste atrás’ colgado en su habitación. Lo que no sabe es que pronto va a verse implicada en una lucha judicial por conservarlo. ¿Quién es la chica del cuadro? ¿Qué historia tiene detrás?

Cuándo una empezó este libro servidora se dijo ‘ostras, protagonista femenina inteligente’. De hecho, al inicio da al lector esa sensación de ‘jo, qué cabeza fría tiene esta muchacha (Sophie) frente a los alemanes’. Pero a medida que pasan las páginas, y antes del salto que la autora hace a 2006 (escrita con un narrador espectador, que es horroroso, cuándo la del año 1900 estaba relatada mediante narrador protagonista) la caga a base de bien.

Me explico: si ves que un Komanddant alemán dispara a un chaval inocente, a sangre fría, que huye despavorido intentando salvar su vida, que deja que sus hombres zurren y maltraten a una mujer y la paseen por medio pueblo para humillarla mientras la llaman ‘puta’, ese tío no es de confianza. Pues bien, Sophie, nuestra protagonista del año de la pera, confía en él ‘en nombre del amor’ cegada porqué ese tal Kommandant pueda liberar a su marido, Édouard, al que han metido en un campo de trabajo. Y se fía. Y con lo lista que parecía al principio, y lo gilipollas que acaba siendo al final.  Por no mencionar como la usa él, que me da hasta asco de explicar. Se lo pueden imaginar ustedes.

A Liv, la otra protagonista del año 2006, el lector ya le coge manía directamente. Te la ponen como la típica super guapa, que tiene un trabajo super guay (todo fachada) y vive en la casa de cristal que construyó su marido (fallecido hace cuatro años). Esa casa de cristal me recordó a la preciosidad que edificó Mies Van der Rohe -grandísimo arquitecto de la Bauhaus- y Lilly Reich en Barcelona. Una casa de cristal con patio con agua, totalmente transparente, llamado ‘Pabellón alemán’, que casualmente simboliza la recuperación de Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Vamos, que la autora no se ha inventado nada. Y que por lo menos, podría citarla.

Siguiendo con Liv, me hace especial gracia que Moyes la describa como ‘independiente’ porqué todavía no tiene pareja. Además la forma en la que narra esta parte de la historia hacía que me sangrasen los ojos.

Pero lo mejor son algunas perlas machistas que podemos encontrar durante toda la lectura tal que:
No tiene pinta de lesbiana, pero hoy en día pocas lo tienen.
Esta cita la dice el protagonista masculino, Paul, sobre Liv. Y me pregunto: ¿a qué se refiere exactamente Jojo Moyes con esta frase tan casposa? ¿Qué es ‘tener aspecto de lesbiana’? O mejor, vamos a darle la vuelta a la tortilla, ¿Qué es ‘tener aspecto de heterosexual’? Me encantaría que dejara un comentario justificándolo, por eso de aclarar dudas.

the girl left behind
Portada de un libro alemán que me va al pelo
Otro tema que no me ha gustado nada es la forma en la que Liv y Paul se conocen. Ahí todo es cliché y no se puede ser más papista que el Papa si vas a escribir una novela sobre arte, en la que el arte, queda en segundo plano y es la excusa para el chico conoce a chica. Los chico-chica, coinciden casualmente en un bar. Y casualmente Liv es tan pava que deja el bolso sin vigilancia y se lo roban. Ahí es cuando sale Paul, en su ayuda como caballero de brillante armadura alegando que –cuidao- es ‘ex poli’. Para que se hagan una idea, la muy lechuga de Liv se olvida de hasta cancelar las tarjetas de crédito y él como buen ‘macho’ la tiene que ayudar a cancelarlas (¡POR DIOS!). Él la quiere acompañar a casa, pero claro CASUALMENTE, también empieza a llover y él la invita a su casa y claro, ella acepta. Porqué es lo más normal aceptar quedarse en casa de un tío que acabas de conocer y que no sabes ni quién es.

Como ven esto y estar viendo una peli de sobremesa de domingo en TVE, es lo mismo. Esas pelis malas en las que la tía se choca con el tío y se le caen los libros. ¡¡¡Viva el esterotipoooooo, Pacoooooo!!!

Después está el tema de como Paul de enamora de Liv. Atentos. Se enamora ‘a primera vista’ porqué ‘es muy guapa’. Sin conocerla ni nada.  ¡¡TOOOOOMAAAAAA, dale Manolo, al bomboooooo, que nó vamoooooooo!!!

Ejemplo de frase machista que se puede encontrar en este libro y sí, otra vez de Paul sobre Liv. Arreen:
Es guapa, pero de esa belleza que tienen las mujeres que no quieren atraer la atención masculina: va sin maquillaje y con el pelo recogido en una coleta. ¿Es un rollo homosexual? (p.150)
1) Juzgar a una mujer por su posible o no belleza es de órdago.

2) La belleza de una mujer nada tiene que ver con atraer al ‘sector masculino’. Vamos como nos sale del choto. Si queremos maquillarnos, bien. Si no, también. Y eso implica todo nuestro cuerpo, pelo inclusive. Ni el tamaño de nuestro escote ni nuestra cantidad de maquillaje determinan nuestra permisividad.

3) Jojo Moyes da a entender, -como mujer, que ya tiene narices- que todo lo que hacemos es para atraerlos a ellos y no por propia autonomía, porqué nos guste o nos apetezca. A eso se le llama minusvaloración.

4) El otro tema de ‘la belleza natural’ es para partirse. Cuantas veces habré escuchado yo eso de ‘a mi me gustan más las mujeres sin maquillaje, porqué son más naturales’ de la boca de un tío. ¿Es tu cara? No. ¿Es tu maquillaje? No. A mi lo que no me gustan son los tíos con poco coeficiente intelectual que se atreven a soltar burradas por la boca para desestimar a otras mujeres. Pasa un poco como con la frase ‘tú no eres como otras mujeres’ y ¿se supone que eso te lo tienes que tomar como un halago? Es tan misógino que me dan ganas de potar en su jeta.

No hay que tener mucha imaginación para saber como acaba ese encuentro ‘casual’ en el piso de él. Madre mía, y esto tiene ventas. En fin. Muy original todo. ¡Pero esperen, que hay más! ¡Gracias Jojo Moyes! Gracias por hacer que me descojone viva con ‘La chica que dejaste atrás’, por rancia y por tus ideas caducas. Lo paso teta mateta. En San Juan va a ser la hostia.

La siguiente frase la suelta Liv refiriéndose a Paul –espero que estén sentados-:
Ahora mismo sería capaz de rogarle (a Paul) -que se acueste conmigo-.
Ahí llegó un momento de bloqueo neuronal. Lo tuve que leer tres veces. ¿Exactamente qué estoy leyendo? En serio, ¿esto lo ha escrito una mujer? ¿Y encima periodista? Qué vergüenza para la profesión.

pinceles pastel
Pinta, pintor, que con tu pincel das amoooor
A veces, me costaba incluso seguir el hilo de la lectura. Esto de debe a que Moyes hace saltos (ya no hablamos de los temporales) de lectura, de escenario y personaje porqué le sale del bolo. Mete escenas como quién mete papel higiénico en el carro de la compra y pillas de quién está hablando páginas más tarde. Es como el ‘Quién es quién’ pero versión cutre.

Otra cosa es lo de ‘ficción histórica’. Entiendo, como aficionada a la historia –y a la historia del arte- que la historia no deja de ser eso, una ‘historia’ como lo pueden ser las noticias o los artículos periodísticos (de hecho, historia y periodismo son bastante semejantes en cuanto a ‘contar’). La historia tiene la bonita particularidad, como mi profesión, de cambiar de punto de vista o incluso de hechos, dependiendo de quién la cuenta. En este caso, Moyes lo que hace es ‘cojo X hechos y hago con ellos lo que me sale del higo’. Aunque esos hechos no tengan relación entre ellos. Toma ya. Un tetris histórico con muy poca gracia que resulta tanto un insulto a la mente del lector como a los aficionados a la historia.

Fíjense como de mal está contada que más que Primera, parecía estar en la Segunda Guerra Mundial. La novela oscila entre 1916 (Sophie) y 2006 (Liv). A cuál de las dos más pánfilas.
-Es una mierda el divorcio  -declara-. Todos nos decimos que los niños están bien, que es mejor que dos adultos infelices gritándose, pero nunca nos atrevemos a preguntarles la verdad.
-¿La verdad?
-Lo que quieren. Porqué sabemos la respuesta, y nos rompería el corazón.
-Niño, ¿qué quieres? +¡Croquetas!

Por supuesto, según Jojo Moyes es mucho mejor aguantar una vida de discusiones y malos rollos por la criaturita. Porqué tener un churumbel significa no poder tener vida. ¿Verdad, Jojo? Que hayas sentido una vez mariposas no quiere decir que tengas que cargar con un capullo toda tu vida.
Ella se inclina sobre él y, al aspirar su olor limpio y viril se siente un poco mareada. (p.177)
¡Pero qué manía tiene esta señora con la ‘virilidad’! A ver. Limpio y viril en una misma frase, no. No, ¿eh? Son antagónicos. Limpio es echarse Mimosín en el mango y viril es oler a tigre. Hay diferencia en subir en el metro con un o con otro tipo de persona. Sobretodo si va sin aire acondicionado.

Libro predecible hasta la saciedad. Cuando lo escogimos tenía la vaga esperanza de que hablase sobre arte, de que culturizase al personal aunque fuese una miajilla, de que como enamorada de la historia, disfrutase como una macaca con sus descripciones e impresiones que nos brindase la autora.

Pues no.

Más bien el arte es la excusa para una historia de amor tópica e irritante que se ha escrito ya tropecientas veces. Hay escenas, sobretodo las románticas que parecen sacadas de una novela erótico-romántica mala. He leído fanfictions con más calidad literaria que este libro, y que por desgracia, no están publicados.

Otra cosa que sorprende es que después de que le planten la demanda a Liv para que devuelva a ‘La chica que dejaste atrás’ a su propietario original, en vez de estar por el marrón legal que le cae, está por ‘ay, qué guapo es Paul’, ‘ay, qué manos tiene’, ‘ay, qué cerca lo tengo’, ‘ay, cómo le quedan los tejanos que lleva’. Todo muy lógico.

A partir de más de la mitad del libro (de las 536 páginas que tiene) es cuando empieza a pasar algo y parece centrarse en qué es lo que le pasó a Sophie. Digo parece, porqué no se centra en absoluto y tampoco es que cueste mucho de imaginar.

libretas cuquis
Libretas pastel, a tropel
La terquedad de Liv, para no ceder el cuadro a los descendientes de Sophie, porqué ‘es suyo’ me ha parecido de personaje obtuso y poco inteligente. Para que se hagan una idea, es como si tu te encuentras una cartera por la calle y dices: ‘ostiaaaaas, tío, qué cartera tan guapa’, la recoges y la metes en la saca. Después te dice la poli que la tienes que devolver a su dueño y tú les sueltas eso de ‘es mía, porqué me la he encontrado y de buena fe.’ Y te la quieres quedar.
Desprendía un aroma a tabaco, anís y a algo viril que me dejaba sin respiración. (P.45)
Esta autora tiene un problema con los olores. A todos los personajes masculinos les pone ‘olor viril’, como si eso fuese algo sexy, básicamente porqué a mi esa palabra me recuerda a oler a tigre, a humanidad, a no ponerse desodorante y a ser un guarro que no se echa un agüita en el alerón. Normal que ‘les deje sin respiración’ a las protagonistas femeninas. Lo aconsejable sería no acercarse o hacerlo con un traje de apicultor con máscara antigás incluida. Pestazo de ese que no se acercan ni los mosquitos.

De un tiempo a esta parte, hay faltas de ortografía en las páginas 60, 143, 153, 157 y 225. Inadmisible en una editorial seria.

Como localización, tenemos a St. Péronne (1916) con flashbacks de Sophie a 1912, explicando como conoció a su marido. Sale un cameo de Mistinguett, la actriz y vedette francesa que hace su aparición en el libro, así como también se menciona a pintores como Hans Purrmann y Matisse. Édouard, el marido de Sophie que es el que pintó el cuadro de ‘La chica que dejaste atrás’, por las fechas en las que se sitúa la novela puede recordar al pintor francés Édouard Cortés, alias ‘el poeta parisino’, que también combatió en la Primera Guerra Mundial, casualmente como el marido de Sophie. Cortés era un artista post-impresionista (se casó con la hermana de su mujer al morir ésta, muy majo el señor).

Como contra punto a la total e insultante falta de información presente en la novela, les voy a contextualizar varias cosas. St. Péronne que es un pueblo que existe de verdad, y tuvieron lugar las batallas del Somme. Para entender esto, primero hay que saber que la Primera Guerra Mundial comprende los años 1914 y 1918. No es de extrañar pues que que el lema del pueblo sea ‘La ciudad que ignora su derrota’, puesto que en 1917 fue totalmente destruida por los alemanes, y lo mismo en 1940 durante la II G.M. La quemaron y bombardearon hasta dejarla completamente en escombros (eso tampoco lo cuenta la novela, simplemente los personajes viven tan gildos). Durante la Primera Guerra Mundial, St. Péronne fue liberada de los alemanes por las tropas aliadas (el ejército australiano –de ahí que tengan un monumento en el pueblo-) en el año 1918. La batalla por liberar el pueblo se conoce como la batalla de Monte Saint Quentin, que se llevó la minucia de 3.000 almas.

pintura pastel
Pintor nacido en mi tierra, con el pincel extranjero...
En la  I G.M. se enfrentaron el Imperio Austro-Húngaro, Alemán, Otomano, y Búlgaro, por un lado, contra los aliados: Francia, U.K., Rusia, Italia, EE.UU., Bélgica, Japón, Grecia, Montenegro, Rumanía, Serbia, y Portugal.
La matanza acabó con la victoria de los aliados y obligando a firmar a Alemania el Tratado de Versalles (1919 firma, 1920 en vigor). Este Tratado, a grandes rasgos, obligaba a Alemania y a sus aliados el ser la única responsable de la guerra y a pagar por todos los costes de ésta, más intereses. Esto se fue al garete con la entrada de Hitler al poder en 1922, que ocasionó la II G.M. comprendida entre 1939 y 1945 (concretamente con Alemanes invadiendo Polonia). Conste que lo he resumido muy por encima para que no se les haga tocho.

De esta forma, no se entiende como al final uno de los personajes del libro se dedica a viajar con su familia estando en plena II Guerra Mundial y sigue viviendo en el pueblo cuándo éste saltó por los aires –y esto es literal- dos veces. 

El restaurante de Sophie en la novela se llama ‘Le coq rouge’ (El gallo rojo) y también existe en la actualidad, pero está situado en Rouilly no en St. Péronne y es bastante actual.

Respecto a las cuestiones sobre expolio de patrimonio artístico (que es lo primero que se carga la peña en una guerra), Jojo Moyes solo menciona las convenciones de La Haya (1954, conformada por un par de protocolos) y los Convenios de Ginebra (1864, que regula la protección de las víctimas en conflictos armados). Me van a llamar inculta, pero no recuerdo que el Convenio de Ginebra tenga un apartado sobre arte robado. También les digo que no soy una experta y que hace un montón de años que lo estudié. Consultando a dos historiadoras (¡Gracias Cris e Iris!) , confirmaron que, efectivamente, los primeros documentos en lo referente a patrimonio artístico expoliado surgieron a partir de la II G.M. El que seguro que no menciona la autora es el Pacto de Washington, ni el Convenio de Londres, ni la Convención de París, ni el convenio de la UNIDROIT. Y se queda tan pichi (y aunque nombrase el Tratado de Versalles, tampoco tendría cabida).

Si vas a hacer un libro sobro patrimonio cultural robado qué menos que informar al personal sobre el tema y documentarse un poquito. Y más si se desarrolla posteriormente un juicio sobre ello. Que esto lo ve John Grisham,  llora y no de alegría, precisamente.

Hay una escena en la que Lilian, la compañera prisionera de Sophie le dice de escapar. Lilian tiene una hija pequeña, y es la mujer a la que han golpeado, humillado y paseado por medio pueblo mientras la llamaban puta. Delante de su hija, además. Lilian le dice a Sophie de escapar ahora que tenían posibilidad. Pero Sophie le dice que no, que confía en el Kommandant, y en –cito textualmente- ‘la fe y el amor’. Porqué ‘seguro que los alemanes la van a llevar son su marido’. Todo en nombre del amor, en vez de pensar en salvar su jodida vida y la de su compañera. Una cosa es tener fe y otra el ser completamente idiota e inconsciente frente a una situación. Siendo tan egoísta de quitar a Liliane una mínima posibilidad de volver con su hija, porqué su maridito es mucho más importante. Venga, un aplauso para Sophie.

¿Saben lo que me cabrea? Que tanto Sophie como Liv son dos personajes femeninos tóxicos. Basta ya de inculcar a los personajes literarios la idea de que el amor heterosexual todo lo puede. BASTA.

Es tan tóxico socialmente como meter cianuro en una botella de butano. No se pueden concebir personajes así. No conozco a ninguna mujer a mi alrededor que piense como piensan estas dos. De hecho con Mo, la amiga de Liv, siempre acaban hablando de lo mismo, es decir de un tío. Como si las mujeres no tuviésemos más vida y diálogo que hablar de hombres. Cabe decir que Mo es la que mejor me ha caído, o digamos finamente, la menos cenutria de los personajes que se nos presentan. Es una chica práctica que ve las cosas de forma racional, y por desgracia, es un personaje que sí hubiese merecido ser protagonista en vez de secundaria, o por lo menos, dedicarle una novela entera.
pintura pastel
Pintura plástica

Jojo Moyes quiere hacer una crítica a los medios de comunicación, pero más bien, la crítica se queda en aguas frías. Se ve que tiene poca idea, básicamente porqué la información –depende del periodista, eso es algo que te enseñan en primero- se contrasta y más cuando son casos judiciales sobre expolio cultural, que deben tener una forma veraz (que no verdadera) en cuanto a información se refiere. Según la autora –que se ve que es periodista, pero que visto lo visto yo la enviaba a cursar de nuevo la carrera enterita- los profesionales nos fiamos de ‘quienquiera que nos pase información’ (p.301). En fin. Denle un chupachup.

El final, es de órdago, 500 y pico páginas aguantando a dos personajes remolachos con el único aliciente de saber como había ido a parar el cuadro allí, para que, a resultas, aparezcan casualmente (este libro es una mala casualidad) unos diarios que –ooooooh- no se habían encontrado antes.
A veces, la vida es una serie de obstáculos. Es cuestión de poner un pie delante de otro.’
¿Me lo dicen, o me lo cuentan? Esta frase se encuentra casi al final y parece un mal chiste. A veces en los saltos a un mismo capítulo me perdía. No sabía si la protagonista estaba acompañada, dónde estaba o qué había pasado. Mejora en las últimas 50 páginas (supongo que a peor ya no puede ir) con un ‘giro’ –entre comillas- de trama.

La autora cita en los agradecimientos la obra ‘The long silence: civilian under the German Ocupation of Northern France 1914-1918’, de Helen McPhai y a continuación, para cubrirse las espaldas –espero que sigan sentados porqué me parece una vergüenza- dice que ‘es un espacio apenas documentado de la Primera Guerra Mundial (al menos en este país)’ y para ponerle el broche al pastelillo, añade que ‘ha cambiado cosillas históricas por el bien de la trama’.

Una cosa es cambiar cosillas, y otra muy distinta es inventarse todo porqué te ha salido de ahí. El colmo es que solo cita un libro de base para escribir ‘La chica que dejaste atrás’, cuando todo buen escritor (y profesional del periodismo) sabe que el proceso de documentación es la base de una buena novela. El proceso de documentación en este caso, deja mucho que desear y eso se mastica en la lectura hasta el punto que a mi a veces me sangraban los ojos. Me hago cruces de cómo se puede tener el morro de justificarse de esta forma tan deplorable. De un tiempo a esta parte, respecto a que no hay estudios o ‘no está a penas documentada’, he hecho una búsqueda superficial en el ámbito académico y he encontrado varios, que dejo al final de esta reseña, por ayudar a la pobre autora en tan arduo trabajo de preparación histórica. Y por supuesto, para ustedes. Por lo menos, van a aprender algo. Oh por cierto, el ‘norte de Francia’ fue el  ‘frente occidental’.

En resumen, una novela escrita con vagancia, con personajes femeninos tóxicos, trama incoherente y artificial con terribles faltas históricas que denotan un nimio interés por la cultura, y que resultan una falta de respeto a la inteligencia del lector.


2/5
★★★★★

Nota: Como tuvimos problemas con el formato de la primera novela que habíamos escogido, nos decantamos por ‘La chica que dejaste atrás’. Pedimos a la editorial Suma de Letras a ver si nos lo podía enviar a todas las participantes. Como nos dieron una patada en el culo, después incluso de haber escrito las dos administradoras, decidimos optar por un método políticamente incorrecto. Dicho esto, es otra editorial con la que no sé si volveremos a colaborar (en el mundillo este no todo son florecillas) . Después está el tema de que Moyes respondió a Chari (de Rincón Revuelto) con un ‘bueno, no se puede gustar a todo el mundo’, después de que ella hubiese puesto una mala crítica en goodreads. Imaginen la mala imagen que como autor da eso. Desde luego, yo personalmente, es una autora de la que no voy a volver a leer nada más.


   Bonus ‘La chica que dejaste atrás’

Durante este mes se ha podido comentar la lectura mediante twitter con la etiqueta #LC4GatosLaChicaQueDejasteAtrás y tanto Mari como yo hemos decidido plantar una barra libre de mojitos para que puedan disfrutar del buen sabor de boca que nos ha dejado la novela. He aquí los que más han gustado a servidora. Y en serio, para la próxima lectura –pueden ver el fiestón que nos hemos montado aquí y apuntarse- no se corten ni un pelo (#LC4GatosTuSegundaVida), que esto lo vamos a hacer en cada LC y los más originales van a acabar aquí.  









                                

  Lista de participantes 

Estamos muy orgullosas de que tantos lectores se hayan apuntado a la LC Cuatro Gatos. A continuación, pueden ver un listado con los blogs de cada uno, para pasaros a ver que opinan de ‘La chica que dejaste atrás, y sí, echarnos unas risas, que es al fin y al cabo de lo que se trata. Conforme nos pasen los enlaces iremos actualizando hasta el día 10 que es el último para subir entrada. ¡Os adoramos!

-Mari de  Bohemian Creative (Ver reseña)  
-Kassandra de El Club De Las Sebaduras (Ver reseña)
-Chari de Rincón Revuelto (Ver reseña)
-Neri de Entre mundos de papel y tinta (Ver reseña)
-Cris de Magic Neverland (Ver reseña)
-Alex de Dónde está mi lápiz (Ver reseña)
-Yuuki de El diario de Yuuki (Ver reseña)
-Kazu de Wonder Zuu (Ver reseña)
-Sofía de Cazadora de Halliday (Ver reseña)
 
Os lo vais a pasar pipa leyendo cada entrada que han hecho nuestras lectoras gatunas. Todas son un auténtico amor. 

Fuentes:


Imágenes: casadellibro, weheartit.

Estudios/ libros que podrían haber servido como base de documentación histórica:
  • Grayzel, Susan R. ‘Women's Identities at War: Gender, Motherhood, and Politics in Britain and France during the First World War’, UNC Press Books, 1999.
  • Harris, Ruth. ‘The" child of the barbarian": rape, race and nationalism in France during the First World War’, Oxford University Press, 1993.
  • Maier, Charles. ‘Recasting bourgeois Europe: stabilization in France, Germany, and Italy in the decade after World War I’, Pincenton University Press, 1975.
  • Jones, Heather. ‘Violence against prisoners of war in the First World War: Britain, France and Germany, 1914-1920’, Cambridge University Press, 2011.
  • Robert, JL. ‘The upheaval of war: family, work and welfare in Europe (1914-1918), Cambridge University Press, 1988.
  • Field, Frank. ‘British and French writers of the First World War: Comparative studies in cultural history’, Cambridge University Press, 1991.
  • Powell, E. Alexander. ‘Vive la France!’, London: W.Heineman, 1916.
  • Gaziel. ‘En las trincheras’, Dieresis, 2009.
Pelis:
-Largo domingo de noviazgo
-La dama de oro (ver crítica)
-Monuments Men

-Si novedad en el frente


Portada La pequeña panadería de la isla, Jenny Colgan
Esta novela es un caramelito.

La primera vez que leo a Jenny Colgan ha sido una muy buena experiencia. A sabiendas de que tiene otras novelas publicadas como son ‘Encuéntrame en el Cupcake Café’, ‘Navidad en el Cupcake café’ y ‘La chocolatería más dulce de París’, la primera inmersión en ella ha sido para enmarcar.

Partamos de la base que es un libro ameno y optimista en que la recreación de ambiente, lugar y personajes –tanto protagonistas como secundarios- parecen vivos de lo bien perfilados que están. La dulzura con la que está narrado –de forma omnisciente- evoca un inmenso amor por la naturaleza, y si a eso se le suma una protagonista a la que le encantan los libros y hacer pan, pues ya se tiene la compota perfecta.

Pero ¿De qué va la historia?

Después de que su empresa de diseño gráfico se vaya al garete, al igual que su relación de pareja con Chris, el otro miembro del negocio, Polly decide empezar de cero. Vale decir que Chris era un capullo, y en estas, la deja sola dos años mientras la empresa y la relación se iban deteriorando. No es que la dejase sola físicamente, que también, es como si él no estuviese porqué la empresa la acabó llevando ella.

Polly desesperada, en bancarrota, alquila lo único que se puede permitir: una casa para derribe en Mount Polbearne, a 70 kilómetros de dónde vivía, un sitio que solo es accesible por carretera y cuándo baja la marea –sino la carretera queda bajo agua, transcurre en una isla mareal y la autora se inspiró en el Monte Saint-Michel-. Para colmo, su casera, la señora Manse, es de todo menos agradable.

A Polly, la protagonista dan ganas de adoptarla y abrazarla mucho. Fuera parece débil, pero por dentro es más dura de lo que ella misma piensa. Es el eje vertebrador de la historia. Ella hace un cambio drástico en su vida, y pese a todo lo malo y a estar de agua hasta el cuello, su optimismo no decae. Sí que llora, sí que se derrumba, pero siempre ve la luz en las pequeñas cosas que va consiguiendo, no sin una cantidad ingente de esfuerzo. Vamos, que no le regalan nada y que tiene que sudar mucho. Polly es perseverante como ella sola y es un puntazo a destacar.

El mensaje positivo y de superación que emana la novela está narrado de forma amena con diálogos rápidos y aderezada con descripciones vitalistas sobre el paisaje que la rodea.
-Al lío! ¿Alguien sabe como cojo un autobús para ir a la reserva de frailecillos?
-¿Por qué? -preguntó Trainie, pero obtuvo la respuesta al verle la cara. A no, no me digas que es Neil.
El aludido estaba sentado junto a Polly en la muralla del puerto, mientras picoteaba alegremente un trozo de bagel. Levantó la cabeza al escuchar su nombre.
-Al parecer, estoy siendo muy cruel con él y no respeto sus derechos animales -adujo Polly con tristeza.
-En fin, se está poniendo fondón -señaló Trainie.
-¡Mi frailecillo no está gordo! -protestó Polly, enfadada-. Además es muy joven, no digas esas cosas. Podrías dañar su autoestima.
¿Es para abrazar o no es para abrazar a la protagonista?

Pero lo que mejor hace Polly es hornear. Hacer pan. Es lo que de verdad le gusta. Así que frente a un gran imprevisto con la panadera del pueblo, la señora Manse -su también casera- es contratada como ayudante.
Playa y pueblo pesquero
Parece Cinque terre pero no lo es


Es un libro en el que las apariencias engañan y en el que cada personaje parece  querer salir de las páginas, así como una reivindicación a un trabajo tan y tan duro como el de pescador (Mount Polbearne es un pueblo pesquero). A medida que pasan las hojas el lector podrá disfrutar de la evolución de Polly, de cómo una vida que estaba, en teoría, destrozada se va reconstruyendo poco a poco, sobre una mujer que hace de la adversidad, una nueva oportunidad de hacer lo que verdaderamente le gusta.

Por supuesto, en este nuevo reinicio de vida, Polly también se enamorará. En otras palabras, que una de las tramas secundarias, muy, muy secundarias es un triángulo amoroso. Polly y dos chicos más. El romance es mucho más natural, y huye de  tópicos típicos, sino que más bien va fluyendo solo.Y aunque a partir de la página 210, de las 400 de la novela, se intuye que la autora va a darle un final trágico al asunto -es lo que tiene, para poder darle una buena trama- el lector sigue y sigue en su afán devorador, pues la narración de Colgan, es una maravillosa delicia, tal como sus recetas de pan o la dulce protagonista.

Aviso, no leer este libro con hambre, porqué hay veces en las que una se imaginaba el olor a pan recién hecho y me daban ganas de zamparme hasta las páginas. Pero no os preocupéis, que detrás incluye recetario. La descripción de la autora de cómo la protagonista prepara el pan, hará que se les haga la boca agua.
-Como todo lo bueno en esta vida, nena –dijo Reuben, que le guiñó un ojo-. ¡Sí! Tienes que buscar lo que te haga feliz. Es la única manera de vivir. Tienes que hacer lo que más te gusta. Cuando descubras qué te gusta hacer, hazlo con todas tus ganas, y todo será la leche y podrás surfear. Y así serás feliz. ¿Qué te hace feliz?
El ‘pero’ que le puedo poner al libro es que cuando se juntan Polly y su amiga siempre acaban hablando de tíos. Vamos a ver, su tu amiga se ha ido dónde Dior perdió la alpargata ¿cómo leches lo primero que le sueltas es 'si ha ligado'? Otra cosa que me ha chirriado es cuándo Chris, el ex de nuestra protagonista, le dice de ir a verla -para joderle la vida más aún- y ella aunque no quiere verlo ni en pintura, ¡le dice que sí! Dejemos de hacer personajes femeninos que no dicen lo que piensan por miedo. Estamos en el siglo XXI, si no quiere verlo, se le dice 'No. Vete a la mierda'. Y aquí paz y después gloria y más sabiendo que es una persona tóxica. Me hago cruces.

Dicho sea de paso, la sinopsis de la editorial es el horror (de ahí por qué siempre opte a hacerlas yo en las reseñas y no un copiar y pegar), básicamente porqué Polly no se traslada a un ‘balneario’ precisamente, y lo de ‘maravillar a los habitantes’ hombre, eso es muy discutible. No sé si será traducción literal o qué, pero se han lucido.

Pan en bolsa panadería
Pan, pan, pan
Pese a las pegas anteriores, no enturbian la novela para nada. Uno de los temas secundarios es que aunque ligera y fresca, ‘La pequeña panadería de la isla’ también se puede leer como una crítica al turismo, que se ha llevado por delante pueblos preciosos en los que ha primado el afán de lucro antes de dejarlos impertérritos, como buenas joyas que son. No podía evitar acordarme de Cadaqués -claro que nuestro mar Mediterráneo es un mar mucho más tranquilo- o Volterra (aunque no tiene mar me viene al pelo) que gracias al turismo se han demacrado un poco.

Los habitantes de Mount Polbearne luchan para que todo se mantenga igual, para que no construyan un puente, del que les llegue la odiada masificación turística, que se lo carga todo.

Añadir que Polly no acaba de morros con su ex sino que cada uno hace su vida y listo, ella sacando adelante la pequeña panadería de Beach Street, con voluntad férrea y él desapareciendo de la historia. En este sentido, no sólo nos cuenta como una mujer se puede valer por si misma, de la nada, como resurge, cual ave Fénix de sus cenizas cuando parecía completamente hundida. Sino que el pueblo Mount Polbearne es todo un personaje más de la novela, con sus casas destartaladas, su poco turismo y sus habitantes tranquilos.

Aunque Polly se enamora en esta novela, creo sinceramente, que el amor de su vida es Neil, el frailecillo fondón, que es toda una pocholada. ¡Pongan un frailecillo en su vida!
-¡NEIL! –Exclamó mientras levantaba la hoja de la ventana y el frailecillo se lanzaba a sus brazos-.¡NEIL!
El pajarillo agitó las alas, contento y comenzó a piar. Polly se lo comió a besos. Olía un poco a aceite y a pescado, pero era lo mejor que había olido en la vida, pensó mientras derramaba lágrimas sobre su cabecita emplumada. Neil aguantó los arrumacos un rato bastante largo, frotando la cabeza contra su dedo, pero no dejaba de mirar la habitación.
-Tienes hambre?-Preguntó Polly al darse cuenta-.Pues claro que sí. Has volado desde muy lejos. Vamos.
Si se puede oler un cierto tufillo crítico al turismo, la novela también deja caer lo mal pagado de ser pescador, lo peligroso de un trabajo que no se reconoce como se debería, y la tranquilidad que se desprende durante la lectura, con el mar, los amaneceres y las gaviotas. Para servidora la lectura ha sido como hacer unas vacaciones, como estar allí -aquí una es muy acuática- y casi un regalo para los que somos unos enamorados del océano.
Faro blanco
Faro

Colgan refleja la evolución del pueblo, un pueblo humilde, en contraste con las familias pijas que empiezan a construir en él. La señora Manse también evoluciona a medida que el pueblo 'abre sus puertas' a los extranjeros. Este es un libro sobre el proceso de cura interior, sobre que las cosas que nos gustan no siempre son fáciles de conseguir, sobre al fin y al cabo, que el ser feliz es más simple de lo que nos han vendido. El mar es otro personaje más. Además es un libro solidario, pues con las ganancias obtenidas se han hecho donaciones a asociaciones de marineros para ayudarlos a pasar por situaciones precarias.
-Genial, es un consuelo. ¿Quién va a ser Reuben? ¿Luke?
-¡No! Darth Vader. Nos vamos a partir de la risa.
-Estás de broma.
-¡Que no! Va a ser genial.
-Te vas a casar con Darth Vader.
-Es sexy.
-Es asmático. Y malvado.
Una no puede evitar acordarse en que tiene un cierto parecido a ‘Las chicas de la buena suerte’, de Kelly Harms. Novela que también les recomiendo con ahínco por las recetas, el que las protagonistas son mujeres y la evolución de los personajes. En este sentido, se parecen en algo.

Lo mejor es que después de leerla al lector le queda una agradable sensación, porqué sí, esta novela es 100% feeling good. La catalogan como romántica, pero sinceramente, creo que el romance queda en segundo plano porqué más bien se centra en el autodescubrimiento y el renacer de la vida de la protagonista. De cómo supera cada piedra que se le pone en el paso y de cómo aprende a vivir consigo misma, en una soledad que ya no le resulta desagradable, de cómo aprende a escucharse a sí misma.

Lo bueno de esta novela es que engancha enseguida, es entretenida y muy fácil de leer. Además, hace pasar al lector unos buenos ratos, por tanto también les puede sacar de un bloqueo  o para aquellas personas que han perdido el gusto por los libros y no saben por dónde empezar.

Jenny Colgan tiene tres novelas más. No sé cómo serán pero desde luego, 'La pequeña panadería de la isla' me ha enamorado y es una autora a la que voy a leer más. Es emotiva, tiene amistad, coraje y es a la vez apacible y cálida.

Una novela tan dulce y reconfortante como el pan recién hecho.

5/5
★★★★

Nota: Libro cedido por Vergara, editorial a la que agradezco la rapidez y el buen trato recibidos. ¡Gracias!

Imágenes: Ediciones B
Voy a lanzarme a hacer algo que nadie se ha atrevido: una iniciativa blogger por la igualdad de género. Es algo que llevo tiempo pensando. Hay iniciativas de todo tipo, pero creo sinceramente, que esta es muy necesaria.

Supongo que no soy la única que cuándo lee una bitácora, una reseña de un libro, un libro o una película (incluyendo comentarios sobre las mismas) tiene la firme certeza que 1) hay mucha ignorancia y 2) hay mucho machismo que se da como ‘normal’. Yo en esto ya llevo 6 años –imagínense el tiempo que se ha estado gestando- y veo que se pasan por alto situaciones tan extremas como ser incapaz de reconocer cuándo nos enmarcan en un género pre establecido y lo que se supone que la sociedad espera de nosotros en función de ese género.

¿Te tienen hasta el mango? ¿Estás hasta la peineta de ver roles de género prototípicos? ¿De relaciones tóxicas? ¿De que la mujer no es nada sin un maromo al lado?

Pues de esto va este tinglado.

Harta, hastiada, cansada y desencantada con lo que se está produciendo en el sector, he decidido crear esta iniciativa: Iniciativa de Bloggers Feministas (IBF), con la esperanza de no ser la única que se pone las manos en la cabeza cada vez que lee un libro o ve una peli en la que la representación de ambos sexos no es más que lo asentado en una sociedad heteropatriarcal.

OBJETIVOS

-Señalar el machismo.

Tal cual lo oyen. Básicamente es comprometerse a señalar, poner énfasis y acentuar en los posts todas aquellas situaciones, u hechos de libros o material audiovisual que pongan a la mujer a la altura del betún. Desde relaciones abusivas que se ven muchas veces como ‘normales’ a papel cliché al que nos someten, pasando que por el hecho de que por ser mujeres nos tengamos que enamorar. Si leen/ ven algo y les chirría, es que ahí, algo falla. Señálenlo, díganlo bien alto: ESTO ES UN TRUÑO MACHISTA. Si nadie lo dice, nadie lo verá.

El objetivo es que entre todos pongamos nuestro granito de arena para no encontrarnos con despropósitos del tipo ‘tú eres mía’, ‘no soy nada sin él’ o ‘tenía que ser el hombre’. U otros que aludan al hombre como ‘varonil, enérgico, fuerte, posesivo’ y a la mujer como ‘débil, femenina, ñoña’. Esto no es cosa de administradores con un sexo u otro. Los hombres también deben estar hartos de que se les represente como algo que no son. Así que animo a cualquier persona que tenga una bitácora a apuntarse y darle una patada a los estereotipos de género.

Este es un manifiesto de empoderamiento a todos aquellos blogs que estén hasta el colondrio de ver este tipo de situaciones.

 Tenemos más poder del que creemos, así que usémoslo.

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